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LA ÚLTIMA NAVIDAD

Ya sabes, mi querido Nano, que te hablo en tus sueños y hoy tengo que susurrarte, antes que despiertes, lo que aprendí de la última navidad. Sí, no la que pasé antes que el virus me llevará mientras tu abuela se dejaba ver, con toda su juventud, entre la luz mortecina de aquella residencia de lujo, diseñada para pobres almas como la mía, sino la última navidad en familia, ya hace algunos años. Tú eras un adolescente con ganas de comerte el mundo. Yo, dentro del pesar al que me llevaba el saber que la Residencia aguardaba, por ese galopante Alzheimer que consumiría a tu abuela, también quería comerme la vejez con toda su amargura. Algo en mí estaba cambiando. Y no eran los años ni la vejez que me incitaban a dejar de aprender y dejar el resto de la vida pasar como si fuera un barco alejándose del puerto. Algo en mí gritaba que casi toda mi vida había sido una gran mentira. La única gran verdad, más allá de las verdades humanas, que con tanto afán perseguí, es el Amor. Y te dejo un minuto antes de seguir susurrándote para que te sumerjas en esas cuatro letras que vibran y dan forma a todo el universo. Amor.

En un abrazo sincero cabe todo el amor del mundo

   Volví. Ya veo que te gusta navegar entre esa sensaciónde amar y ser amado. Has vivido tus primeros besos y tus primeros amores. Has vivido aquel primer gran abrazo con el que descubriste que no estabas solo en la vida ¿Ves? No importa los tiempos por venir ni los tiempos pasados, sino lo que se vive en cada momento. Amar es vivir el presente a plenitud. Esto comencé a interiorizarlo en aquella última navidad. Quizá fuese que, sabiendo que era la última con toda la familia junta, algo en mí despertó las memorias perdidas en la vida por estar apurando futuros que, en tantos casos, solo fueron humo. En muchos casos ni eso, solo espejismos. Aún puedo saborear en mi memoria aquella cena de Nochebuena. Los últimos canapés que prepararía tu abuela y su último flan de calabaza. Aún puedo ver a tu papá y tu mamá olvidando los rencores propios de la pareja madura y besándose en medio de todos como si fueran dos adolescentes que han perdido el miedo a verse desnudos. En ese instante sentí que mi hijo me estaba enseñando algo que no comprendía, el rencor solo se supera con perdón. Yo había guardado tanto rencor en la vida, que no comprendía. Tu papá salió a tu abuela, ella siempre me decía “no guardes rencor, cachito mío. El rencor nunca consigue pareja”. Y tarde tanto en aprender, pero aprendí y tu abuela pudo detectarlo antes que el Alzheimer borrase nuestros nombres de su memoria. Nunca comprendí ese olvido hasta que llegué aquí, a este mundo de espíritus donde nada se desvanece ni el tiempo hace mella. Todo es presente.

Las cosas humanas siempre perecen, pero, el Espíritu, Nano, el Espíritu es esterno

   Antes de irme hoy de tus sueños, debo dejarte un recado. No debes olvidarlo, por eso, al despertar, deberás anotarlo en tu Notebook. Pasarás todo el día interiorizando mis palabras y antes que la noche se haga luz, volverás sobre tus pasos. El virus que me llevó no es lo más terrible que deberá pasar la humanidad, pues el virus no está actuando por su propio movimiento, sino que es inducido para sopesar el alma del hombre en la balanza del universo. Es una historia larga, pero créeme, es tan verdadera como que sigo vivo y no solo en tus sueños. El mundo se verá azotado a sufrimientos de todo tipo y ante tal derroche de mal, de manos del propio hombre, bien por su negligencia, bien por su vanidad, las almas se verán impelidas a olvidar el sufrimiento refugiándose más y más en sí mismas. Es un error. La balanza que pesa el alma humana solo se mueve con el amor que hayas sido capaz de dar antes de pasar el túnel de la vida. Sí, de la vida, pues lo que vivimos en ese pedacito de universo que llamamos Tierra es como un ensueño para que las almas puedan seguir experimentándose a sí mismas en otros estadios, en otras vibraciones. Pero la libertad que toda conciencia es, puede o no aprender, puede o no generar amor. No dudes, Nano, intenta ayudar lo más que puedas a tantos seres como puedas. No se trata de una ayuda en concreto, sino, más bien, de darles todo el amor que puedas de todas las formas posibles. El dolor será tan grande que la gente no solo desconfiará uno del otro, sino que aprenderán a olvidar lo que es el amor y se refugiarán en el peor de los castillos, el ego y lo encerrarán en las murallas de la indiferencia hacia las demás conciencias. Todo gesto de amor que el hombre pueda dar será un gramo más para que esa balanza del espíritu humano se decante hacia el gran salto adelante. No se piden imposibles, sino amor. En un abrazo sincero cabe todo el amor del mundo. No lo olvides, Nano. Debo salir de tus sueños. Ya va a sonar la alarma de tu móvil. Por cierto, cambia de teléfono porque el que tienes dejará de funcionar en dos semanas. Las cosas humanas siempre perecen, pero el espíritu, Nano, el espíritu es eterno. Recuerda, ama, ama, ama, perdona, perdona, perdona…

Amar es vivir el presente a plenitud

   La alarma del móvil sonó y Nano, sin pensarlo, tomó su Notebook y comenzó a escribir todo lo que había soñado. Se estaba convirtiendo en un hábito soñar con el abuelo, pensaba Nano, mientras comenzaba a escribir su futuro. Antes de terminar de escribir la primera oración, miró su móvil y sonrió ¿Dos semanas? pero si lo compré hace menos de un año, pensó. Los chinos están aprendiendo muy rápido, fugazmente hiló a pensar antes de seguir escribiendo sus sueños. Gracias abuelo, musitaron sus labios mientras seguía escribiendo.