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UN MOJITO CUBANO A LOS PIES DE LA TORRE EIFFEL

Querido nano, te escribo este correo porque me dijiste, antes de salir hacia Cuba, que no me olvidara de tomar un buen mojito o un par de ellos nada más llegara a esta tierra de tocororos y sueños violetas, a ser posible uno en la Bodeguita del Medio, en pleno corazón habanero, al lado de la casa que sirvió a Alejo Carpentier para ambientar  una de sus novelas y que hoy da cobijo a una fundación que estudia su obra y lleva su nombre. Pues ya lo estoy haciendo, mientras te escribo, pero estoy tomando mi primer mojito cubano en Varadero, bajo una sensual palmera y con un calor inclemente. Me están haciendo recordar estas palabras aquellos paseos por el Retiro, en pleno agosto madrileño y cuando me decías, si fueras un helado, estarías derretido. Como me gustaba jugar contigo. Bueno todavía disfruto mucho, muchísimo,  tu compañía, aunque ni tú ni yo tengamos ya edades para corretear persiguiéndonos uno al otro.

La juventud idealiza utopías fallidas que les han inoculado para mantener la inercia de un mundo hostil

   Anoche, tras la llegada al hotel y ya en la cama, esperando el despuntar del alba para comenzar a saborear el primer día en Varadero, estuve pensando sobre la historia que me contaste, tu primer mojito cubano a los pies de la torre Eiffel, allá por mayo del 68, en plena ebullición social y que amenazaba convertir la guerra fría en  algo más caliente en la vieja Europa.

CÓMO BEBER UN MOJITO CUBANO EN VARADERO ESTANDO EN PARÍS

Recuerdo que me contaste que aquel mes de aquel año estabas caminando por París, recién llegado de la Cuba revolucionaria. Fuiste a respirar por ti mismo aquellos sueños habaneros que un puñado de jóvenes fueron capaces de contagiar a todo un pueblo y a medio mundo. Unmundo que en aquella década aún vivía en todo su esplendor los golpes y sin sabores del mayor siglo ideológico de la historia humana. Aún, me confesaste, creías en las utopías políticas aunque ya el humo de los horrores, se sabía, no solo pertenecían a un bando. Aún el hombre se creía dueño y señor de una última y absoluta verdad y por ella no solo era capaz de morir, sino de asesinar y, quién lo diría, llamarse a sí mismos santos  libertadores. Aún el hombre no había despertado del sueño de una razón despótica vestida de humanidad a  la carta. El hombre no necesita imponer a golpes –no puede, me decías con una voz quebrada como para que nunca lo olvidase- lo que no brota de su corazón de una manera espontánea. No se puede obligar a amar al prójimo, mas hay que enseñar el amor antes de enseñar a contar y leer, me dijiste aquella noche antes de irnos a dormir.Llegaste de aquella Cuba revolucionaria cargado de ilusiones, demasiadas ilusiones, soñando con un hombre nuevo,  sin comprender aún que los paraísos humanos están dentro de sus propios infiernos.

Soñar un mundo social donde el hombre conviva en paz consigo mismo solo será posible cuando todos y cada uno de los recién nacidos sean educado para Ser

   Recuerdo que me fui a la cama con tu viva imagen, cuarenta años más joven. La abuela me había mostrado una foto tuya en una terraza de un café parisino con la torre Eiffel de fondo. Estabas jovial, radiante, el pelo alocado, a lo James Dean, brindando con cuatro camaradas más el principio de un final que nadie se atrevía a ver y menos a vaticinar. El miedo aún estaba a flor de piel y nadie quería volver a vivir los infiernos del otro. Aún el hombre, me decías, no había comprendido que el infierno es él mismo cuando encierra las ideas entre los muros de la razón. Después vendría para ti otros viajes más profundos, la India, Jerusalén y, sobre todo, el cielo nocturno del Gran Cañón del Colorado desde donde podías observar tu verdadero hogar, las estrellas ¡Qué vida has tenido mi querido abuelo! No me extrañan las palabras que un día me dijo la abuela refiriéndose a ti, si le aguanté los primeros veinte años, podría estar con él toda la eternidad y, lo mejor, no me aburriría ni me cansaría. Tienes un abuelo de otro mundo.

EL PRECIO DE UN MOJITO CUBANO EN VARADERO

Te diré que ya en este primer día de playa y mojitos me han contado las vicisitudes y penurias de este pueblo sacrificado, noble y valeroso. Son ya unas cuantas generaciones las que han pagado y siguen pagando demasiados intereses vitales por unos sueños que ya han perdido el color y el entusiasmo de aquellos años. Nadie entiende el porqué de dejar a Cuba a la deriva y perder el tren de los nuevos tiempos aunque no lleven a parte alguna. No solo ha quedado la urbanidad y los autos estancados en aquella década de Girón y de la llegada a la Luna, sino la mentalidad de tantos que  siguen empeñados en ver el mundo bajo el prisma de un solo color como si el arco iris de la existencia fuese solo un producto de la imaginación humana. Si, la melancolía que produce el ver una Habana media derruida también tiene su encanto. Es como si su gente estuviese esperando, contracorriente y de una forma inconsciente, que aquel mundo soñado por aquellos jóvenes idealistas, se hiciese  realidad de la noche a la mañana. Pero en el mundo real  saben que están solos, que nadie volverá a rescatarlos de los nuevos tiempos. Me cuentan que los cubanos ya no sueñan en colores, sino en blanco y negro y temen, cada día más, perder la misma capacidad de soñar, la única que les permite levantarse cada mañana y salir a luchar para resolver el día.

Verse a sí mismo en el universo es lograr verse a sí mismo en cada conciencia

   Tú, mi querido nano, me enseñaste a escuchar antes de hablar y a dejar que la gente encuentre por sí misma el camino de sus vidas y lo que cada quien tiene que aprender. Me enseñaste que el hombre sí necesita organizarse para vivir en sociedad, pero no para matarse entre ellos e imponerse unos a otros formas de convivencia inhumanas. Me enseñaste que las más cortas y pesadas cadenas son las ideologías que esclavizan al hombre a miedos que no le pertenecen, a miedos que han sido inoculados en la noche de los tiempos y aún siguen causando temor y destrucción de generación a generación. Me enseñaste que el respeto a la vida comienza respetando aquello que no nos gusta y a quienes lo defienden, pues si somos capaces de respetar, seremos capaces de escuchar y si somos capaces de escuchar, podremos dialogar y con  el diálogo siempre se abre un camino entre la selva de las diferencias. La solución nunca está en imponer, sino en educar, pues al final, como solías y sueles decirme, somos hijos de las estrellas que han olvidado su casa común.Cuando sepamos de dónde venimos y hacia dónde vamos, la locura que llevó al hombre a matarse entre sí por un puñado de verdades infértiles, no tendrán razón de ser. Siempre sueño que tienes razón mi querido nano. Estoy apurando este mojito y creo que serán más de dos y de tres, pues el día es largo y lo que sobra aquí , en la querida Cuba, es tiempo para apurar los pequeños placeres de la vida. No te preocupes, no conduzco.

Despertar al Ser es despertar a la libertad que no encadena al hombre a unas ideas

DE QUÉ VAS HABLANDO EN LA VIDA, RELATOS SALVAJES

La vida son relatos salvajes y cortos, me decía mi padre antes, mucho antes, de yo siquiera saber el poder profundo de la palabra. No fueron años perdidos, sino años impregnándose de las experiencias suficientes para hacer de los recuerdos un buen relato, algo que valiese la pena leer y releer cuando ya apetezca más un sillón que un paseo por el asfalto de la ciudad que me verá morir.

RELATOS SALVAJES PARA ADOLESCENTES

   Comencé a comprender la adolescencia en mi vejez, cuando tú, mi querido nieto, mi querido Ramón, me hiciste recordar con tus locuras aquellos relatos salvajes que yo mismo fui. Ver como tomaste la mochila y con un puñado de ropa y menos euros en el bolsillo, te encaminaste, literalmente, hacia Roma, la ciudad eterna. Me decías que tenías todo el verano para llegar y regresar.

El tiempo se mide en el perdón
Tardamos tanto en aprender que el amor se nutre del perdón

Cien días para hacer casi cuatro mil kilómetros entre la ida y la vuelta y un par de días más para encontrarte a solas con La Piedad, del incomprendido hombre del cosmos, Miguel Ángel Buonarroti,  y otro par de días más para caminar sin rumbo ni mapas por la ciudad que te vio nacer. Tu madre estaba destinada en Roma cuando tú te empeñaste en ver la luz por vez primera bajo aquel cielo romano antes de que regresarán a Madrid. Tu padre, mi hijo, nunca se lo perdonó a tu madre. Siempre pensó que se había provocado el parto porque, se empeñó en creer, tu madre quería que nacieras bajo la protección de San Pedro. Hoy perdieron la fe, uno, tu padre, en el dinero, tu madre en sí misma, y caminan juntos por tener pánico a caminar a solas. Tú eres distinto. Lo sé.

cruce de libros
Los caminos se cruzan para que los destinos se encuentren

No llevas el miedo por bandera ni quieres caminar por las sendas que te enseñaron. Crees en ti mismo porque crees en los otros. Todo lo contrario a lo que enseñé, equivocadamente, a tu padre. Siempre prediqué la desconfianza hacia el género humano, conocido y desconocido. Siempre pensé que la vida era un circo romano donde nadie estaba a salvo de ser devorado, bien por los leones, por un tridente o una daga o, más violentamente, por la voluntad de un emperador que se creía un dios. Hoy bendigo en silencio tus pasos y no sé cómo pedir perdón a tu padre y a tu madre por el daño que les hice. Sí, solo cometí los mismos errores que me enseñaron y que aprendí tan bien, pero a veces el castigo no es la comprensión del error, sino la indiferencia de quienes hemos dañado y no quieren perdonarnos. Una indiferencia que quisiera llevar también sobre mis hombros para evitar que un día les haga daño a ellos. Sí, tardamos tanto en aprender.

RELATOS SALVAJES PARA DORMIR EN PAZ

   No te quise contar nada porque ni yo mismo me lo creía, pero, ya me conoces, los chismes son el pasatiempo de estos tiempos.

se tú propio escritor
No dejes que otros escriban el relato de tu vida, pero tampoco intentes escribir la vida de nadie

Sé que no te gustan, pero este seguro llamará tu atención aunque vaya teñido con nuestra sangre. Tus padres, mientras tú estás a las puertas de Roma, cual Aníbal, me invitaron la noche pasada a cenar en vuestra casa. Iba a vivir el más salvaje de los relatos salvajes de mi vejez, el perdón de tus padres. Muchas veces había intentado acercarme porque ya hace muchos años no solo reconocí mis errores para mis adentros, sino que también aprendí a comprender que rectificar y pedir perdón  es la mejor forma de reconocer las faltas cometidas y reconciliarse con el peor de los enemigos, uno mismo y aquellas creencias fallidas que tanto daño nos hacen. No creas que son pocos los que no se atreven a dar ese paso, pues prefieren morir con el orgullo de sus errores a sabiendas que su actitud les envenena todos los días de su vida.

Se tu relato
Leer los relatos de otras vidas, ayuda a comprender el relato que vamos siendo ¿eres el escritor de tu vida?

Prefieren vivir a diario en sus propios infiernos que dejar atrás una vida equivocada y comenzar a vivir un paraíso en la tierra. Y tus padres, gracias a Dios, se sinceraron y me perdonaron y se perdonaron entre ellos. Me confesaron que había llegado el tiempo de caminar solos, que sus vidas ya no tenían más nada en común que lo mejor y más bello que les había sucedido en ella, tú. Desde ese punto se hizo la velada más larga de mis últimos años. Pasamos toda la noche usando el poder de la palabra para cerrar heridas y, sobre todo, para reafirmar que nos tendríamos los unos a los otros en cualquier momento que necesitásemos una voz amiga o unos oídos prestos a recibir cualquier miedo. Sí, la vida está preñada de miedos que no nos pertenecen y se empeñan en que los vivamos vivamente. Tú, ya te lo dije, eres distinto.

   Esa noche que se hizo mañana, ya te dije que se nos fue el santo y la hora al cielo, llegue a casa con la intención de escribirte, pero no quise ser yo quien te comunicara lo que tus padres estaban ansiosos de comunicarte, la decisión de volver a ser felices y buscar dentro de sí mismos lo que no pudieron encontrar afuera ni siquiera juntos.

mirada hacia dentro
Cuando caminas hacia dentro de ti, comienzas a ver el universo que eres

Lo que yo tardé casi una vida en comprender, a ellos le llevo media y a ti, mi querido Ramón, casi nada, pues aún viven en ti los mejores años de la juventud. Coincidimos todos esa noche que tú eras de otra estirpe aun cuando tengas los genes de todos nosotros. Algo hay en estas juventudes de hoy que superan con creces todas nuestras pesadillas. Muchos se empeñan en callar a quienes están llamados a ser libres por vez primera en la historia de la humanidad, pero esto es otro cantar sobre el que tendremos que platicar cuando regreses a Madrid, si regresas claro. No sé, se me ha pasado por la mente que quizá te enamores de Roma o de alguna romana. Mientras, guardo en borrador este correo que estoy loco por que leas.

Te amo Ramón