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NO SE LO DIGAS A NADIE

Desperté sobresaltado. Estamos en mayo, el mes de las flores de este Madrid del segundo año de la pandemia. Salí corriendo hacia el parque del Buen Retiro buscando nuestro banco. El banco donde yo y el abuelo descansábamos y pasábamos horas y horas. Unas veces hablábamos sin dar tregua a nuestros labios y a la memoria que íbamos siendo, otras solo disfrutábamos del silencio y la buena sombra. En esta madrugada había soñado que el abuelo me decía que no debía perder tiempo nada más despertar, que debía dirigirme al banco de nuestros encuentros y que allí me esperaría. No podía creerlo. Era imposible. Desde que él murió, casi desde aquella primera noche sin él, los encuentros con el abuelo eran frecuentes, pero siempre a través de los sueños o, estando despierto, cuando me dejaba llevar por su recuerdo. No podía estar vivo. No podía ser real. Llegué en un santiamén, pues sigo viviendo muy cerca del pulmón madrileño.

Parque del Buen Retiro

Estaba amaneciendo. Los primeros rayos acariciaban el lago del parque como acaricia una madre a su hijo recién nacido. Podía ver de lejos nuestro banco, pero allí no veía a nadie. Estoy loco, pensé, cómo podía creerme lo que mi abuelo me decía en sueños, pero también recordaba las veces que el abuelo me avisaba de algo y realmente sucedía. Pero esto es otra cosa. Me dijo que me estaría esperando. No puede ser. A pocos metros y casi a punto de darme la vuelta, vi algo que me llamó la atención, era un sobre. Parecía de esos sobres de antes, que se usaban para los envíos internacionales. Eso me le enseñó el abuelo, pues yo nací con Gmail, google maps y la Deep web. Me acerqué y el corazón me dio un vuelco. El sobre llevaba mi nombre como destinatario y como remitente el del mi abuelo Yayo. El corazón me dio un vuelco pues pude reconocer la letra de mi abuelo. Esa letra de sus días finales, algo temblorosa, pero bonita y legible como siempre había sido. Tomé el sobre sin poder valorar lo que estaba viviendo, pues me venía a la cabeza lo que el abuelo me dijo entre sueños y no podía entender: lee despacio, calmadamente, las veces que necesites, pero, sobre todo, interioriza con los ojos del corazón lo que te diré. Ahora podía comprender a qué se refería. Me senté y comencé a leer.

Parque del Buen Retiro

Nano, pon atención a todo lo que te voy a decir. Habrás reconocido mi letra y como podrás entender sigo vivo, aunque no esté en esa dimensión humana.  Tuve que pedir un permiso especial para materializar lo que tienes en tus manos y otro aún más especial para poder decirte lo que leerás. Son tiempos complejos.

Son tiempos de cambio, tiempos complejos

Por estos lares también hay normas, pero no basadas en creencias y caprichos humanos, sino en la ley del Amor. Nadie está preparado para ver todo el horror que la humanidad tendrá que vivir. La humanidad que estás viviendo está muriendo. No está herida, no, está agonizando, en sus últimas horas. El mal dará su último estertor con tal potencia que se escuchará en distantes galaxias. Cuántas veces no hablamos de lo incomprensible de la vida humana, de los afanes de tantos por vivir bien a costa del mal, del sufrimiento, ajeno. Cuántas guerras por creencias fallidas de todo tipo, religiosas, económicas, políticas. Cuántas guerras contra la naturaleza misma. Ya la humanidad agotó su tiempo. Aquellos que hayamos comprendido, podremos disfrutar de otro mundo en esa bella morada, en ese bendito planeta azul. Los que no, tendrán que seguir su aprendizaje en otros predios, en otras altitudes cósmicas, donde tendrán que seguir repitiendo las lecciones que necesiten. No hay infiernos, querido Nano, pues los infiernos son las insanas relaciones que los seres son capaces de crear en torno a ellos en su particular espacio tiempo. Fuera de ese espacio tiempo, la vida es otra cosa, pero siempre estamos en movimiento. Siempre nacemos para experimentar el Ser y en cada encarnación podemos meter la pata y alejarnos de la única ley que gobierna el universo, la ley del amor. Dejar de amar es caer en la rueda del sufrimiento. Las conciencias, por su misma naturaleza creadora, tiene una capacidad extraordinaria para hacer sufrir hasta límites insospechados cuando se alejan del amor.

   El virus, Nano, no será vencido. El virus es tiempo, Nano. Tiempo para que cada quien pueda encontrar realmente el significado de su vida y de la Vida. El ser humano de a pie será sometido, por los distintos Estados, cada día más a mayores restricciones en su vida. Las estructuras del poder, en toda latitud, solo encontrarán en la opresión hacia la ciudadanía la forma de controlar las distintas mutaciones del virus. El caos reinará y el poder de las balas volverá a ser el argumento de unas estructuras de poder que no sabrán qué hacer porque seguirán gobernando solo para sí mismas e intentando salvar un modelo de esclavitud que ha reinado entre los hombres desde los mismos inicios de esta última humanidad. La economía, su debacle, será el chivo expiatorio para que los Estados impongan una ley marcial mundial. Pero, los verdugos, no se pondrán de acuerdo ni siquiera para torturar. Las guerras no solo serán contra el virus, sino contra el hambre y, sobre todo, contra el miedo, la incertidumbre de no saber si habrá un mañana, pues cada día será el último para millones de personas. El panorama, querido Nano, es desolador. Solo una serie de cataclismos, estelares y terrenales, podrán frenar la orgia de sangre que los distintos Estados realizarán contra los sobrevivientes a la pandemia.

El virus, nano, representa tiempo. Una prórroga antes del renacer

   ¿Por qué te digo todo esto? Te podrás preguntar, pues ya sabrás que por estos ambientes akhásicos el tiempo es un presente continuo. Lo hago, en primer lugar, como te dije, porque me han permitido trasladarte estos presentes por venir y, además, me lo han permitido porque saben perfectamente que tu alma está llamada a ayudar a muchas otras almas que no podrán ver ni entender todo lo que pasará y que ya está pasando, pero que nadie puede ver porque están cegados por un sinfín de creencias fallidas.

En el examen de la vida nadie puede hacer trampa: lo que no se aprende, se repite

Nano, lo más importante es que comprendas que la salida, la solución a los tiempos presentes, no está fuera de ti, sino dentro de ti. La respuesta al odio, al mal, no puede ser devolviendo con la misma moneda, pero tampoco puede ser escondiéndose en infinidad de zonas de confort y mucho menos, cuando el mal salpique directamente, dejando que el miedo invada el presente. La solución, Nano, no está en gritar verdades humanas a los cuatro vientos, pues todas están contaminadas de creencias fallidas, sino en hacer que el día a día se convierta siempre en una oportunidad para ayudar a los demás. Será difícil, pues nadie creerá en nadie, y el fanatismo se volverá más ciego, pero no importa, tu ayuda en los pequeños gestos que puedas dar a quien lo quiera aceptar. Tienes que salir cuanto antes para el campo. Habrá un giro inesperado al final, cuando el mal esté dando su último suspiro, pero sobre esto no puedo decirte. Solo me han permitido que sepas que, tras todo el dolor, habrá un nuevo renacer. Pero entrar o no en esta nueva etapa no depende de lo que seas capaz o no de soportar, sino de tu capacidad para no dejarte contaminar por el mal. No cierres los ojos y ayuda todo lo que puedas, pero, sobre todo, no dejes que el desaliento se apodere de tus días y, ante todo, no te dejes vencer por el odio.

Mirar hacia otro lado nunca fue la solución…

   Ah, no se lo digas a nadie. Me lo han impuesto. Además, tú sabes que nadie te oiría, pues el ser humano, cuando está invadido por miedos o creencias fallidas, no puede escuchar sino su propio miedo a morir. Pero, la muerte, querido Nano, es el paso a nuevas vidas. Espero verte y abrazarte en los nuevos tiempos.

    Voy camino a casa. La cabeza me da vueltas. Mis pensamientos comienzan a girar entre calles y empiezo a entender lo que veo a mi alrededor. Tengo que volver a leer esta carta hasta que entienda la última sílaba. Gracias abuelo, gracias Yayo. Yo también quiero verte y abrazarte y sé que lo haré. No quiero seguir navegando por más infiernos y sé que los nuevos tiempos serán paraísos terrenales, pero no los que han construido religiones e ideologías preñadas de odio, sino los que nazcan de ese hombre que se descubrirá en medio del universo, ese hombre abierto a las estrellas.  

Y SIGUE LA PANDEMIA ¿HASTA CUÁNDO LA PANDEMIA?

Queridos Tata y Yayo

Durante esta madrugada soñé contigo, Yayo. Me decías que pronto te comunicarías conmigo de una forma inusual. No entendí bien qué quisiste decirme, pero ya, acostumbrado a este tipo de relación, espero cualquier cosa y, sobre todo, no me asusto ya de nada. Tantos miedos que le han sembrado a uno ya desde que comienzan los primeros pasos y tanto que cuesta quitárselos de encima, pero, gracias a ti, que me fuiste enseñando el valor a perder el miedo a tener miedo, ya miro las cosas de otro modo, incluso en estos tiempos de pandemia. Más ahora que sé, de primera mano, de nuevo gracias a ti y a la abuela, que la vida no termina con este mundo que nos toca vivir, malvivir dirían muchos, ni con este cuerpo condenado a envejecer.

No quiero envejecer con los miedos de hoy, abuelo

  Me prometí a mí mismo y a Carmen que os contaría sobre estos tiempos de virus y de normalidades anormales. Hay tanto miedo, querido Yayo, tanto miedo. Tampoco me extraña. Como me solías enseñar, en estas sociedades enfermas, de economías antropófagas, sembramos miedos desde la más tierna infancia ¿qué podemos cosechar? La gente, me decías, embobada en nuestros mundos, en ese corre y corre que solo beneficia a unos pocos y cansa a todos, incluso, no me cabe la menor duda, a quienes ven los toros desde la barrera, la gente, querido Nano, tiene mucho miedo. Las cosas no han cambiado mucho, Yayo, por no decir que si ha habido cambios es de intensidad ante la incertidumbre y el dolor que se está viviendo, pero agravado con la sensación y la percepción de que vamos hacia ninguna parte. Que, si hay salida, las pocas personas que toman las decisiones por todos no tienen idea de dónde queda y, como me solías decir, lo obvio solo casa con la obvia, si no se sabe a dónde ir, no hay camino que seguir.

El cansancio de llegar a ninguna parte

La gente está cansada de ir hacia ningún lugar. Sí, lo sé, me vino a la cabeza, aquella vez que me hiciste dar diez vueltas al parque y yo sin saber por qué. Al final, ya cansado y con la mente solo en el helado que me prometiste, me preguntaste ¿a dónde llegaste? Recuerdo que te dije, abuelo ¡qué pregunta! ¡al mismo sitio de donde partí! Y recuerdo que me miraste a esos mis ojos pre adolescentes para decir con esa mirada fija y penetrante que ponías cuando querías que te escucharan con atención “jamás te canses para llegar al mismo sitio” para a continuación espetarme aquello de “no hay peor cansancio que el esfuerzo que no te lleva a crecer” Tarde mucho en comprender aquellas palabras, mi querido Yayo, y no estoy seguro de haber llegado a parte alguna. Las cosas están mal por tu querida España y peor aún por el resto del mundo. Sí, sé que me vas a decir que eso no es correcto, que por todos lados está naufragando el bote humano, pero lo malo conocido es más llevadero que lo bueno ajeno, ya no digamos lo malo. Perdona, Yayo, algo me ha quedado de tu sarcasmo inocente, sin malicia ¡Cómo les extraño!

Hay tiempos verbales y tiempos vitales…

   Antes de que se me olvide, pues tengo que salir corriendo antes que cierren el súper. Con Carmen estamos ayudando a la ONG que te comenté la otra vez y estamos aportando nuestro granito de arena para ayudar a consolidar esos pisos compartidos para los abuelos. En el próximo encuentro te digo, pero te adelanto que creo que dimos la patada en la lata.

Extraño vuestra sonrisa

   Te quiero mucho, cuídate y un abrazo enorme a Tata, que no la mencioné hoy pero siempre la llevo, os llevo, en mi corazón.

La mirada hacia el infinito

DÉJAME CONTARTE, NANO, SI ME DEJAN

Querido Nano, no puedo dejar de buscarte en tus sueños y eso que me han advertido que hay cosas que no puedo revelar. Quisiera acompañar tus fantasías y decirte que todo está bien. Y lo está, pero para nosotros, los descarnados. Pero en tu mundo, que un día fue mío también, las cosas de la vida van tomando el curso de un tiempo sin mañana como un río sin un mar a quien abrazar. No puedo dejar de pensar que puse mi grano de arena en esa oscuridad que llega. Me dicen que no debo preocuparme, que todo irá bien, que lo que ha de ser, será. Pero me niego a esperar el dolor sin compartir la esperanza.

Me negiego a esperar el dolor sin compartir la esperanza

   Estas a punto de casarte. Como te dije no hace mucho, Pilar es una gran muchacha y el futuro sonreía para los dos, pero las cosas han cambiado. Lo estás viviendo. No es la pandemia del Sars Cov dos. La terrible enfermedad que ocasiona el virus es la consecuencia, el efecto de la ceguera en la que el hombre ha vivido desde la noche de los tiempos. Tiempos que están llegando a su fin. Nunca fui pesimista en vida, lo sabes. Nunca me dejé vencer por los altibajos, por las tempestades que la vida, de vez en cuando, dejaba caer sobre el que fue mi hogar, que era también el tuyo. No es pesimismo, es una realidad que se está construyendo.  La realidad humana del presente ha sido sembrada desde hace eones y la semilla enterrada en el corazón humano llevaba el odio como bandera. Y los tiempos del odio están llegando a su fin. Parece magnífico, pero nunca una muerte tan anunciada y tan deseada llegaría con tanta vehemencia y tanta locura. El ser humano no ha sido capaz de romper las cadenas que lo esclavizaban, y lo esclavizan, a sus creencias y muchos son los que prefieren morir arrasando todo a su paso antes de ceder y enfrentar sus creencias fallidas. El virus no es el problema, es el instrumento que se está usando para dar comienzo al fin de la inhumanidad de una humanidad huérfana de bondad.

El tiemo del odio está llegando a su fin

   Bien sabes que en nuestra casa la bandera había sido la Santa Madre Iglesia,Romana,Católica y Apostólica, con sus domingos y fiestas de guardar, sus sacramentos inviolables y sus mandamientos para mancillar y dar pábulo, de ese modo, a las sotanas confesionales. Bien sabes que nunca tome en serio todo ese teatro, ni siquiera cuando me dejaron abandonado en aquella residencia y sabía que era cuestión de horas o días o semanas el llamado de la parca. Pero al cruzar el umbral, la frontera de los camaleónicos sentidos, entré en este reino que no es de ese mundo, el tuyo y el otrora mío. A quién te recuerda esa frase. Sí, al Maestro, al Nazareno “Mi reino no es de este mundo”. Cuántas veces en mis años encarnados habré escuchado ese sermón y cuan poca atención presté. Qué sorpresa llevé al enterarme que el Gran Maestro no solo es real, más real que la propia existencia de lo que creemos existente, sino que sus palabras no pasarán. Sí, aquí supe del gran engaño, del poder maléfico que tergiversó sus enseñanzas para el beneficio de unos pocos. Aquí, ayer mismo para el tiempo humano, me enteré que, si los tiempos del mal no fuesen acortados, el ser humano no tendría refugio en ningún otro sitio del universo. El hombre tiene que aprender en su casa, aunque luego esté llamado a conquistar las estrellas. 

El Hombre tiene que encontrarse a sí mismo antes de partir a las estrellas

   Nadie sabe la hora, ni el Maestro, pero las señales que él anunció están dadas. No sé cómo decirte que tomes en serio este sueño, pues sé que tu corazón es bondadoso, pero el mal arrasará con todo su poder y hasta los más santos serán tentados para que solo vean y velen por sí mismos. Solo hay una forma de salir airoso a los tiempos por venir. No, no te preocupes, no hay infiernos ni nada por el estilo, pero en este plano, nadie puede hacer trampa. No hay engaños. Lo que no aprendas en tu vida humana, aquello que venías arrastrando en tus últimas encarnaciones, estás condenado a aprenderlo en otros mundos, muy distintos, sí, pero aquí aprendí que todos los infiernos se parecen. La única forma de salir airoso es no olvidando que los tiempos, tras la tempestad, serán de una calma nunca vivida en el hermoso planeta azul y que la forma de llegar a vivir esos nuevos tiempos es ayudando, ayudando, ayudando a todo aquel que lo necesite. Y tendrás muchas oportunidades antes del fin, pues las trompetas no dejarán de sonar hasta que el último de los enviados encuentre refugio. No puedo decir más.

Cuando despiertes, sal corriendo a hacer el bien sin mirar a quien. Cuántas veces lo hemos oído ¿Te recuerdas? Yo mismo te lo enseñaba. Todos los domingos, antes del oficio, mientras saboreabas un helado de chocolate con maní y yo mi vermut, rojo, con dos aceitunas y sin naranja, te lo decía con solemnidad. Pero no fui buen ejemplo. Lo sé, la teoría todos la sabemos, pero lo importante es saber ponerla en práctica y pocos lo hacen, muy pocos. A mí me han dado el beneplácito de vivir esos nuevos tiempos, no sin antes, convencerte a través de estos sueños, que no dejes para mañana lo que puedes hacer nada más despertar. Los tiempos están cerca. Despierta.

ESTOY BIEN

Querido Nano, mi querido Nano, perdona que interrumpa tus sueños y me cuele en ellos, pero estoy feliz, tan feliz, que no pude esperar para contarte lo que estoy viviendo. Estoy bien, muy bien.

   Tú, mejor que nadie, has podido comprender lo que significaron esos últimos días en la Residencia ante el flagelo de aquella pandemia de COVID 19. Tú pudiste intuir vivamente lo que significó la soledad y el abandono al que fuimos sometidos por esas indolentes almas que solo veían el negocio y el beneficio que da la vejez. Tú siempre intuiste que yo no estaba a gusto encerrado en esa prisión de lujo, mucho menos desde que tu abuela Amparo me dejó solo frente aquella soledad. Te digo, mi querido nano, te adelanto, que tu abuela está radiante, como nunca. Jamás pensé, mientras estuve encarnado en esa última vida, que el cielo sería como lo estoy viendo y que los infiernos, tal y como me los enseñaron de niño, no existen. Cuánto me marcó aquellas pesadillas humanas que manaban, supuestamente, de seres que decían enseñarte el camino hacia Dios.

Siempre me negué a creer en la existencia de infiernos más allá de los que el hombre es capaz de construir. Dios, mi querido Nano, está en todo, es todo. El infierno no es más que el olvido y el alejamiento de esa divinidad que somos cuando encarnamos para ir experimentando nuestra propia conciencia. Dime si podía esperar a contarte esto. Nada más que me dijeron que no había problemas, me colé en ese tu sueño que te estaba llevando a esquiar con tu nueva novia. Sí, me fui sin conocerla en esa vida, pero la conozco muy bien. Fui su hijo en otra vida, hace muchos siglos. Es un maravilloso Ser y os ayudaréis mucho en esta nueva experiencia humana, en estos albores del siglo XXI y en ese pedacito de tierra llamada España. Sabes, desde esta dimensión, lo primero que sentí fue el desapego a todo lo material y a todo lo que implicará un sentido de pertenencia. Solo vibras, como no podrás imaginarte humanamente, en un amor sin ataduras. Solo vibras experimentando amor en todo lo que haces y si recuerdas los errores de las encarnaciones, solo sientes la necesidad imperiosa de poder rectificarlos en otra nueva vida, en otras experiencias de ser, y te pones a trabajar en ello planificando otra nueva experiencia.

ESTOY FELIZ AQUÍ, PERO VUELVO A TU LADO

   Sí, estoy feliz aquí, Nano, pero dejé muchas cosas pendientes en esa última encarnación en la Tierra. Fue una época muy complicada, no solo para mi existencia, sino para todas las almas que nacimos bajo el signo del siglo XX en tan bello planeta. Por cierto, aquí no la conocen como Tierra, sino como la casa azul del Padre. Ese siglo fue el comienzo de los dolores. Sí, Nano, el comienzo. Me está permitido decírtelo. Sí, aquí se cuidan mucho de todo lo que se puede decir o no, pero no como entre los hombres, que la censura tiene un aire de dominio, sino para no herir y no interferir en la trayectoria de cada quien. Vamos a la tierra a vivir experiencias de ser que nos hagan crecer y enriquecer a la misma conciencia, pero esto es otra letra para otra carta. Te decía, Nano, que los dolores están comenzando para la especie humana, pero son dolores de parto. Al final, traerá alegrías y risas a las almas hermanas que habitarán los nuevos tiempos. Yo voy a regresar dentro de muy poco, a tiempo para ser partícipe de los nuevos tiempos tras esos períodos, inevitables, de cambios drásticos. Soy uno de los muchos a los que se nos ha permitido regresar a pesar de que la nueva tierra ya no dará más a luz hijos de las tinieblas ¿Te suena extraño lo que te estoy diciendo? Jajajajajaj Imagino la cara que estarás poniendo, más cuando me recordarás huraño y siempre despotricando contra todo lo que tuviese aroma a espíritus y altares. Ya ves, si me han permitido regresar es porque mis “cosas pendientes” no son imposibles de solucionar en los nuevos tiempos por venir.

Nos dejaron solos

   Lo mejor es que no sabes con quien voy a regresar, quiénes van a ser mis padres. Sí, lo intuiste bien. Serás tú y Ana, tu novia de hoy en día, mi madre de hace siglos. Repito madre y tú serás, por vez primera, mi padre. Cuánto deseo que llegue ya ese día. Siempre fuiste mi ojito derecho. Nunca supe por qué. Ahora sé que vamos viviendo todo aquello que necesitamos ir reparando porque la libertad de Ser tiene ese precio, el tener que superar esos errores y fallos que cometemos en las vidas que vamos experimentando. Confundimos la libertad de Ser, de crear, con la libertad de hacer y en ese trance vamos cayendo en daños hacia los demás y hacia uno mismo. No todo está permitido. Las conciencias no son creadas para hacer daño, sino para crear y vivir realidades. Lo maravilloso es que somos nosotros mismos, nuestra propia conciencia, los que hacemos los guiones de cada una de nuestras vidas y sí, también, los que elegimos con cuales otras conciencias queremos vivir y aprender en esa vida ¿Te sorprende? Imagina a tu abuelo entrando por ese túnel de luz que me llevó a este paraíso.

ESTOY BIEN AQUÍ, PERO DEBO AYUDAR A CONSTRUIR EL NUEVO MUNDO

   Me empeñé en que estudiarás ciencias porqué, te decía, las letras estaban envejecidas, en desuso, y solo servían para dividir más y más a los hombres. La palabra hizo al hombre y el poder de la palabra lo estaba condenando a su extinción. No iba muy errado mi querido Nano. Los tiempos que viviremos serán, como te escribí líneas atrás, casi insufribles. Muchas almas están condenadas a partir a otros infiernos humanos, pero lejos de la Casa Azul. Siempre pensé que, tarde o temprano, el auge de la ciencia terminaría con el egoísmo humano, pero estaba equivocado. La sed de poder y el egoísmo no tienen fondo en algunas almas y siempre había nuevas palabras para crear falsas esperanzas.

Estoy bien. Cuídate mucho y no se dejen esclavizar

Además, son estas almas las que, por líneas generales, han gobernado el mundo humano hasta hoy en día.  El mundo, esta última humanidad, nació condenada desde casi su mismo nacimiento. Pero esta historia te la contaré cuando yo cumpla mis quince años de vida a vuestro lado. A esa edad, ya todo el dolor del parto por venir será un recuerdo en los nuevos tiempos y estaré cursando mi primer nivel de Historia Humana. Sí, he decidido entregarme al estudio de la Historia. Muy grande será el sufrimiento que los hombres se ocasionarán entre sí, nación contra nación, padres contra hijos, mujeres contra hombres, pero más grande será lo que los ojos humanos sobrevivientes verán llegar de los cielos. Lo veremos. Este guion lo escribimos entre todos los que habitaremos la nueva morada azul. Hoy sé que no fue fácil, pero ya ves, para el amor no hay nada imposible. Nos veremos en un par de años. Aún estás conociendo a Ana y tenéis que disfrutar un poco de vuestro encuentro antes que yo llegue a darles la bienvenida al mundo del mañana.

LA ABDUCCIÓN DE MI ABUELO

Esta historia me la relató mi abuelo poco antes de morir. Yo tenía catorce años y él cerca de los noventa. No los cumplió. Me dijo que nunca se la había confiado a nadie porque siempre sintió miedo de que se burlaran de él o, peor aún, que lo tomaran por loco. Me dijo también que yo le había demostrado ser lo suficientemente abierto de mente, a pesar de mi edad, para contarme lo que le sucedió aquella mañana helada, propia de un invierno burgalés, cuando apenas contaba veinte años.

¿QUÉ ES UNA ABDUCCIÓN?

   Era la década de los cincuenta. Burgos aún respiraba los aires de los primeros años de la posguerra dejándose acariciar por una cierta industrialización. A sus calles llegaría mi abuelo en busca de la prosperidad que al campo le era negada. Era oriundo de una pequeña aldea del occidente asturiano, Moal.

Camino al paraíso
Moal, Paraíso, ayer y hoy

En aquellos años, me decía mi abuelo, el futuro pasaba por bajar a las minas cercanas o dedicarse a las faenas de un campo que había que mimar con las manos minuto a minuto para a comer al menos una vez al día. Él, sin embargo, soñaba con otros mundos, quería buscar su propio paraíso. Así llegó a Burgos, a la casa de los padres de quien más tarde sería mi abuela. Allí comenzó realmente su pasión por las estrellas. Me contaba cómo iban cada noche, a escondidas, mi abuela y él, a la ermita de San Amaro para contemplar el cielo estival y robarse unos besos uno al otro. Cuando el invierno hacía imposible aquellos pequeños placeres, cuenta mi abuelo que, sin saber por qué, decidió un 20 de enero acercarse a los prados adyacentes al santuario.

La ermita
El santuario de San Amaro

No sabe cómo llegó allí y si eran las diez o las once de la noche. Un frío que helaba cualquier pensamiento y que atravesaba esa montaña de ropa que lo abrigaba se apoderó de él y, cuando estaba a punto de despertar de esa locura, sintió el calor de una luz que lo cegó y le calentó hasta el último centímetro de piel. Se sentía desnudo y como sumergido en un mar en calma.

 

 

LA ABDUCCIÓN QUE VIVIÓ MI ABUELO

   Mi abuelo era letrado y se había leído las obras del perseguido y quemado monje Giordano Bruno.

Giordano Bruno, el monje que ni la hoguera pudo impedir que viviera sus sueños

Cómo él, soñaba también con mundos distantes pero no tan distintos en cuanto a los seres que los habitaban, pues todos eran, pensaba para sus adentros, hijos del mismo Dios. Aquella noche, sin embargo, pudo ver con sus ojos y sentir en su alma la verdadera naturaleza de Dios y el universo que lo permea. Sí, me confesó mi abuelo que estos seres que lo llevaron no sabe a dónde, de alguna manera le hicieron comprender algunas cosas y entre ellas que el universo no pertenece a Dios, es Dios mismo. Que los distintos seres que lo pueblan no difieren tanto en su morfología, sino en su camino hacia reconocerse como partes de esa Conciencia Divina que lo impregna todo. No somos seres de carne y hueso, venía a decirme, sino espíritus que encarnan para que Dios experimentase todas las formas posibles de ser. El tiempo era una ilusión de ese espíritu que se encarna y vibra en busca de sí mismo. Realmente nadie hubiera creído a mi abuelo, pero yo sabía que no me mentía, que era incapaz de sembrar en mí alguna falsedad y mucho menos ofender a esa divinidad que, desde entonces, mi abuelo ama sin nombrarla, sin darle más atributo que ser puro Amor. Sí, también le enseñaron que el Amor no es un estado de la conciencia del ser humano, ni siquiera de otros seres del universo, de la infinidad de seres que pueblan el infinito, sino es Dios mismo creando y recreándose en cada Conciencia que brota de Él mismo.

REGRESANDO DE LA ABDUCCIÓN

   Me contó mi abuelo que tras su regreso habían pasado cinco horas y que despertó en su cama como si nada hubiese ocurrido, pero él sabía muy bien que lo vivido no había sido un sueño ni un delirio. Los zapatos aún embarrados daban fe de la experiencia vivida. Estuvo días sin mediar casi palabra. Hasta mi abuela llegó a pensar que había otra mujer, que su comportamiento era como el que ocultaba algo. Jamás se atrevió mi abuelo a comentar nada de nada, ni siquiera a ella, que era a quien más amaba en este mundo. Mi abuelo quiso dedicarse a la astronomía, pero en aquella época, en aquella España católica, apostólica y romana, donde los astros estaban aún al servicio del clero, aunque hacía ya años que el sentido común iba penetrando, poco a poco, las mentes obtusas de la iglesia, no había lugar para él y su nueva visión del mundo.

La mirada hacia el infinito
Mirando el infinito

Optó por estudiar la mejor carrera posible, hacer feliz a mi abuela. Pudo entrar en el negocio de la fotografía, montar su propio estudio, con ayuda de mi bisabuelo, e ir, poco a poco, escudriñando más y más los cielos burgaleses en busca del infinito. Nunca dijo nada del porqué de esa afición, ni siquiera cuando compró su primer telescopio y lo instaló en el ático de la que hoy en día es la casa de mis padres. Él sabía que aquello que buscaba ya lo había hallado hacía muchos años, pero cada 20 de enero, no importaba  el clima ni las circunstancias, siempre volvía, a las diez de la noche, al santuario de San Amaro. Pasaba, ya no tantas horas como en los primeros años tras la abducción, mirando los cielos nocturnos como quien se mira a sí mismo en el espejo. Desde algún lugar, lo sabía, lo estaban observando y, aún más, cuidando y, aún más, amando.

YO SÍ ESPERO MI ABDUCCIÓN

   Tenía catorce años cuando mi abuelo me contó su experiencia y yo, que quería ser futbolista, pues los estudios no eran mi fuerte, me dediqué a estudiar lo que él soñaba ser. Y no me arrepiento, soy doctor en astronomía y me fascina lo que hago.

No estamos solos
Millones de planetas esperan a ser descubiertos

He descubierto más de un exoplaneta y estoy seguro que seré uno de los primeros en dar la bienvenida oficial a esos seres que pueblan el universo y que, nos guste o no, lo admitamos o no, lo aceptemos o no, están ahí, observando a que el hombre deje de mirar el universo con miedo o perplejidad y pueda reconocerse como hijos de las estrellas. No tengo miedo a expresar mis opiniones, aunque camino a la tercera década del siglo XXI, aún hay mentes que no quieren ver más allá de sus creencias limitadas y fallidas, más allá de sus saberes sujetos a fórmulas tergiversadas del hombre y de la vida. Razón tenía mi abuelo cuando le pregunté por qué no se había atrevido, ya de mayor, a contar lo que más que visto había experimentado en todo su ser  y me contestó, mirándome a los ojos, el hombre no puede ver con los ojos lo que su mente no es capaz de ver y menos aún puede comprender con la razón, con la mente, lo que su corazón no es capaz de amar. No sé bien por qué me lo dijo, pero intento, desde entonces, ver las estrellas con el corazón y, sorprendentemente, siempre encuentro nuevos datos que me llevan a convencer a aquellos que se niegan a ver y si no me llevan a convencerlos, que tampoco es mi tarea, sí a callarlos.

   No sé dónde estás abuelo, pero sé que estás viviendo lo que en este mundo soñaste cuando mirabas el infinito.