DE QUÉ VAS HABLANDO EN LA VIDA, RELATOS SALVAJES

La vida son relatos salvajes y cortos, me decía mi padre antes, mucho antes, de yo siquiera saber el poder profundo de la palabra. No fueron años perdidos, sino años impregnándose de las experiencias suficientes para hacer de los recuerdos un buen relato, algo que valiese la pena leer y releer cuando ya apetezca más un sillón que un paseo por el asfalto de la ciudad que me verá morir.

RELATOS SALVAJES PARA ADOLESCENTES

   Comencé a comprender la adolescencia en mi vejez, cuando tú, mi querido nieto, mi querido Ramón, me hiciste recordar con tus locuras aquellos relatos salvajes que yo mismo fui. Ver como tomaste la mochila y con un puñado de ropa y menos euros en el bolsillo, te encaminaste, literalmente, hacia Roma, la ciudad eterna. Me decías que tenías todo el verano para llegar y regresar.

El tiempo se mide en el perdón
Tardamos tanto en aprender que el amor se nutre del perdón

Cien días para hacer casi cuatro mil kilómetros entre la ida y la vuelta y un par de días más para encontrarte a solas con La Piedad, del incomprendido hombre del cosmos, Miguel Ángel Buonarroti,  y otro par de días más para caminar sin rumbo ni mapas por la ciudad que te vio nacer. Tu madre estaba destinada en Roma cuando tú te empeñaste en ver la luz por vez primera bajo aquel cielo romano antes de que regresarán a Madrid. Tu padre, mi hijo, nunca se lo perdonó a tu madre. Siempre pensó que se había provocado el parto porque, se empeñó en creer, tu madre quería que nacieras bajo la protección de San Pedro. Hoy perdieron la fe, uno, tu padre, en el dinero, tu madre en sí misma, y caminan juntos por tener pánico a caminar a solas. Tú eres distinto. Lo sé.

cruce de libros
Los caminos se cruzan para que los destinos se encuentren

No llevas el miedo por bandera ni quieres caminar por las sendas que te enseñaron. Crees en ti mismo porque crees en los otros. Todo lo contrario a lo que enseñé, equivocadamente, a tu padre. Siempre prediqué la desconfianza hacia el género humano, conocido y desconocido. Siempre pensé que la vida era un circo romano donde nadie estaba a salvo de ser devorado, bien por los leones, por un tridente o una daga o, más violentamente, por la voluntad de un emperador que se creía un dios. Hoy bendigo en silencio tus pasos y no sé cómo pedir perdón a tu padre y a tu madre por el daño que les hice. Sí, solo cometí los mismos errores que me enseñaron y que aprendí tan bien, pero a veces el castigo no es la comprensión del error, sino la indiferencia de quienes hemos dañado y no quieren perdonarnos. Una indiferencia que quisiera llevar también sobre mis hombros para evitar que un día les haga daño a ellos. Sí, tardamos tanto en aprender.

RELATOS SALVAJES PARA DORMIR EN PAZ

   No te quise contar nada porque ni yo mismo me lo creía, pero, ya me conoces, los chismes son el pasatiempo de estos tiempos.

se tú propio escritor
No dejes que otros escriban el relato de tu vida, pero tampoco intentes escribir la vida de nadie

Sé que no te gustan, pero este seguro llamará tu atención aunque vaya teñido con nuestra sangre. Tus padres, mientras tú estás a las puertas de Roma, cual Aníbal, me invitaron la noche pasada a cenar en vuestra casa. Iba a vivir el más salvaje de los relatos salvajes de mi vejez, el perdón de tus padres. Muchas veces había intentado acercarme porque ya hace muchos años no solo reconocí mis errores para mis adentros, sino que también aprendí a comprender que rectificar y pedir perdón  es la mejor forma de reconocer las faltas cometidas y reconciliarse con el peor de los enemigos, uno mismo y aquellas creencias fallidas que tanto daño nos hacen. No creas que son pocos los que no se atreven a dar ese paso, pues prefieren morir con el orgullo de sus errores a sabiendas que su actitud les envenena todos los días de su vida.

Se tu relato
Leer los relatos de otras vidas, ayuda a comprender el relato que vamos siendo ¿eres el escritor de tu vida?

Prefieren vivir a diario en sus propios infiernos que dejar atrás una vida equivocada y comenzar a vivir un paraíso en la tierra. Y tus padres, gracias a Dios, se sinceraron y me perdonaron y se perdonaron entre ellos. Me confesaron que había llegado el tiempo de caminar solos, que sus vidas ya no tenían más nada en común que lo mejor y más bello que les había sucedido en ella, tú. Desde ese punto se hizo la velada más larga de mis últimos años. Pasamos toda la noche usando el poder de la palabra para cerrar heridas y, sobre todo, para reafirmar que nos tendríamos los unos a los otros en cualquier momento que necesitásemos una voz amiga o unos oídos prestos a recibir cualquier miedo. Sí, la vida está preñada de miedos que no nos pertenecen y se empeñan en que los vivamos vivamente. Tú, ya te lo dije, eres distinto.

   Esa noche que se hizo mañana, ya te dije que se nos fue el santo y la hora al cielo, llegue a casa con la intención de escribirte, pero no quise ser yo quien te comunicara lo que tus padres estaban ansiosos de comunicarte, la decisión de volver a ser felices y buscar dentro de sí mismos lo que no pudieron encontrar afuera ni siquiera juntos.

mirada hacia dentro
Cuando caminas hacia dentro de ti, comienzas a ver el universo que eres

Lo que yo tardé casi una vida en comprender, a ellos le llevo media y a ti, mi querido Ramón, casi nada, pues aún viven en ti los mejores años de la juventud. Coincidimos todos esa noche que tú eras de otra estirpe aun cuando tengas los genes de todos nosotros. Algo hay en estas juventudes de hoy que superan con creces todas nuestras pesadillas. Muchos se empeñan en callar a quienes están llamados a ser libres por vez primera en la historia de la humanidad, pero esto es otro cantar sobre el que tendremos que platicar cuando regreses a Madrid, si regresas claro. No sé, se me ha pasado por la mente que quizá te enamores de Roma o de alguna romana. Mientras, guardo en borrador este correo que estoy loco por que leas.

Te amo Ramón

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