La mirada hacia el infinito

DÉJAME CONTARTE, NANO, SI ME DEJAN

Querido Nano, no puedo dejar de buscarte en tus sueños y eso que me han advertido que hay cosas que no puedo revelar. Quisiera acompañar tus fantasías y decirte que todo está bien. Y lo está, pero para nosotros, los descarnados. Pero en tu mundo, que un día fue mío también, las cosas de la vida van tomando el curso de un tiempo sin mañana como un río sin un mar a quien abrazar. No puedo dejar de pensar que puse mi grano de arena en esa oscuridad que llega. Me dicen que no debo preocuparme, que todo irá bien, que lo que ha de ser, será. Pero me niego a esperar el dolor sin compartir la esperanza.

Me negiego a esperar el dolor sin compartir la esperanza

   Estas a punto de casarte. Como te dije no hace mucho, Pilar es una gran muchacha y el futuro sonreía para los dos, pero las cosas han cambiado. Lo estás viviendo. No es la pandemia del Sars Cov dos. La terrible enfermedad que ocasiona el virus es la consecuencia, el efecto de la ceguera en la que el hombre ha vivido desde la noche de los tiempos. Tiempos que están llegando a su fin. Nunca fui pesimista en vida, lo sabes. Nunca me dejé vencer por los altibajos, por las tempestades que la vida, de vez en cuando, dejaba caer sobre el que fue mi hogar, que era también el tuyo. No es pesimismo, es una realidad que se está construyendo.  La realidad humana del presente ha sido sembrada desde hace eones y la semilla enterrada en el corazón humano llevaba el odio como bandera. Y los tiempos del odio están llegando a su fin. Parece magnífico, pero nunca una muerte tan anunciada y tan deseada llegaría con tanta vehemencia y tanta locura. El ser humano no ha sido capaz de romper las cadenas que lo esclavizaban, y lo esclavizan, a sus creencias y muchos son los que prefieren morir arrasando todo a su paso antes de ceder y enfrentar sus creencias fallidas. El virus no es el problema, es el instrumento que se está usando para dar comienzo al fin de la inhumanidad de una humanidad huérfana de bondad.

El tiemo del odio está llegando a su fin

   Bien sabes que en nuestra casa la bandera había sido la Santa Madre Iglesia,Romana,Católica y Apostólica, con sus domingos y fiestas de guardar, sus sacramentos inviolables y sus mandamientos para mancillar y dar pábulo, de ese modo, a las sotanas confesionales. Bien sabes que nunca tome en serio todo ese teatro, ni siquiera cuando me dejaron abandonado en aquella residencia y sabía que era cuestión de horas o días o semanas el llamado de la parca. Pero al cruzar el umbral, la frontera de los camaleónicos sentidos, entré en este reino que no es de ese mundo, el tuyo y el otrora mío. A quién te recuerda esa frase. Sí, al Maestro, al Nazareno “Mi reino no es de este mundo”. Cuántas veces en mis años encarnados habré escuchado ese sermón y cuan poca atención presté. Qué sorpresa llevé al enterarme que el Gran Maestro no solo es real, más real que la propia existencia de lo que creemos existente, sino que sus palabras no pasarán. Sí, aquí supe del gran engaño, del poder maléfico que tergiversó sus enseñanzas para el beneficio de unos pocos. Aquí, ayer mismo para el tiempo humano, me enteré que, si los tiempos del mal no fuesen acortados, el ser humano no tendría refugio en ningún otro sitio del universo. El hombre tiene que aprender en su casa, aunque luego esté llamado a conquistar las estrellas. 

El Hombre tiene que encontrarse a sí mismo antes de partir a las estrellas

   Nadie sabe la hora, ni el Maestro, pero las señales que él anunció están dadas. No sé cómo decirte que tomes en serio este sueño, pues sé que tu corazón es bondadoso, pero el mal arrasará con todo su poder y hasta los más santos serán tentados para que solo vean y velen por sí mismos. Solo hay una forma de salir airoso a los tiempos por venir. No, no te preocupes, no hay infiernos ni nada por el estilo, pero en este plano, nadie puede hacer trampa. No hay engaños. Lo que no aprendas en tu vida humana, aquello que venías arrastrando en tus últimas encarnaciones, estás condenado a aprenderlo en otros mundos, muy distintos, sí, pero aquí aprendí que todos los infiernos se parecen. La única forma de salir airoso es no olvidando que los tiempos, tras la tempestad, serán de una calma nunca vivida en el hermoso planeta azul y que la forma de llegar a vivir esos nuevos tiempos es ayudando, ayudando, ayudando a todo aquel que lo necesite. Y tendrás muchas oportunidades antes del fin, pues las trompetas no dejarán de sonar hasta que el último de los enviados encuentre refugio. No puedo decir más.

Cuando despiertes, sal corriendo a hacer el bien sin mirar a quien. Cuántas veces lo hemos oído ¿Te recuerdas? Yo mismo te lo enseñaba. Todos los domingos, antes del oficio, mientras saboreabas un helado de chocolate con maní y yo mi vermut, rojo, con dos aceitunas y sin naranja, te lo decía con solemnidad. Pero no fui buen ejemplo. Lo sé, la teoría todos la sabemos, pero lo importante es saber ponerla en práctica y pocos lo hacen, muy pocos. A mí me han dado el beneplácito de vivir esos nuevos tiempos, no sin antes, convencerte a través de estos sueños, que no dejes para mañana lo que puedes hacer nada más despertar. Los tiempos están cerca. Despierta.

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