LAS ESTAFAS DE LA JUBILACIÓN: pensiones mínimas

La vejez es el estado humano donde mejor se puede evidenciar el maltrato que sufre el hombre encadenado a modelos sociales inhumanos. Modelos sociales enfermos de indiferencia donde el dinero, el cómo conseguir dinero, se ha convertido en una institución religiosa de culto diario. El nuevo dios es el comercio y el beneficio a cualquier precio. El que nada tiene que comerciar ya sabe que lo que le resta es vender su vida, el tiempo de su vida, al mejor postor y negociar lo mejor posible su esclavitud.  Poco o nada  importa el modelo ideológico en el que se sustenta la esclavitud, pues en el fondo lo que prima, de todo este circo humano, es el hecho de que llegar a viejo puede ser no solo una pesada carga para el cuerpo, sino el sufrimiento provocado por no haber visto a tiempo los errores de sistemas políticos y económicos que querían reducir al ser humano a un mera mercancía de cambio o, quizá peor aún,a un ideal del manual del partido. Sí, lo sabemos, hubo tiempos que miraras donde miraras, solo había precipicios y nadie sabía volar.

La vejez es el período humano que mejor refleja el estado enfermizo de las sociedades humanas

ESTAFAS Y PENSIONES MÍNIMAS: EL ENGAÑO

Los abuelos de hoy, no importa en qué cárcel social se desenvolvieron en vida, si en la Rusia soviética o en la del zar Putin, en la del bolchevique infiltrado con su firstAmerica o en la del delfín Felipe y su corona de papel,  deberían ser recompensados y enaltecidos como verdaderos héroes.

La esencia de la vejez es reencontrase con el niño que fue y volver a vivir desde el Ser

Los abuelos de hoy han sido presa de ideologías donde el hombre fue deshumanizado en aras de las ideas y convertido en una mera sombra de sí mismo. Puede parecer cruel y muchos se consolarán con aquello de que el mundo es así, no lo he inventado yo o, peor aún, se culparán a sí mismos de los errores que la tradición les lego  en forma de valores. Valores de qué, de cómo asesinar en nombre del nuevo dios, Don dinero, o valores que cotizan en bolsa y que pretenden quebrar en el momento oportuno sin importar si esa quiebra deja en la calle a los abuelos del mañana.

Las ideologías políticas, económicas y religiosas han desfigurado el rostro de la vejez

Por supuesto que el sujeto humano es político por antonomasia, entendiendo por política el arte de organizarse en sociedad y no dejar al azar el sustento de la tribu y otros quehaceres menos apremiantes, pero antes de ser un sujeto político, debe ser un sujeto y eso no lo han conseguido ni los dispares sistemas sociales ni las religiones de turno que, digámoslo claro, se han unido al festín del saqueo humano, eso sí, en nombre de dios. ¡Válgame Dios! -diría Don Unamuno- 

   Los abuelos de hoy merecerán todo el reconocimiento de la sociedad que pueda surgir del salto social que vendrá cuando los abuelos del mañana decidan despertar del canto de sirena de las ideologías de la indiferencia. No es seguro que lo logren pues el circo de la deshumanización se ha encargado de hacer creer que en la lucha ideológica está la solución y no, no es así. La solución al mercadeo de los sentimientos y lograr salvar la humanidad del hombre  de las manos de un comercio a cualquier precio pasa, necesariamente, por un salto de conciencia individual. La sociedad debe servir para desarrollar a ese sujeto que un día pueda convertirse en un sujeto social y aportar al conjunto de la sociedad su capacidad creadora. Pero en la sociedad de hoy en día el individuo tiene su vista puesta en sobrevivir a cualquier precio sin darse cuenta que no hay salvación individual, sino colectiva. Ni los verdugos de hoy se salvarán de ser sus propias víctimas mañana. La paradoja está servida y la solución, gracias a Dios la hay, pasa por las nuevas tecnologías. Sí, empujados al precipicio, el hombre se dio cuenta que le salían alas para volar.

PENSIONES, ESTAFAS: EL DESENGAÑO

Los abuelos de hoy pueden vivir en el más cruel desengaño y pueden disimular su impotencia de mil formas distintas, incluso muchos de ellos solo tienen la opción de olvidar,  pero estoy seguro de que sus nietos sabrán aprender la lección y de alguna forma resarcir el engaño al que fueron sometidos sus abuelos.

Los Estados modernos han olvidado al hombre de carne y hueso para endiosar las instituciones que se han vuelto impersonales

   Hoy da vergüenza ajena ver cómo tienen que sobrevivir muchos ancianos, la gran mayoría, con pensiones miserables, en condiciones infrahumanas y muchos de ellos en una terrible soledad, aún puedan pagarse una residencia cinco estrellas. El abandono al que es sometida la vejez habla de las sociedades enfermas que el ser humano ha construido a la lo largo de la historia. Muchos ancianos han sido sometidos a tal presión que prefieren la soledad de su espacio, por pobre que sea, a seguir sintiendo los latigazos a que son sometidos a diario por el simple hecho de llegar a viejo y ya no estar en condiciones de jugar al juego de la explotación. Ya no pueden ser explotados como en su juventud ni consumen lo suficiente para ser rentables. Sí, sobre el papel, esta actitud hacia la tercera y cuarta edad no existe, es condenable, es bárbaro, pero en el mundo real, el que va más allá de la demagogia política, el desprecio a la vejez es la consecuencia lógica de un sistema social donde el hombre es un simple objeto de negocio, que se puede vender, alquilar, intercambiar o desechar, dependiendo del beneficio que una u otra cosa pueda dar.

La vejez, como la niñez, son los estados más cercanos a la esencia del Ser

   No es agradable escribir sobre las miserias de la vejez. Miserias que no vienen por su estado, por ese hermoso período de la vida en el que se pudiera dar aún lo mejor de sí por la experiencia adquirida, sino miserias que vienen de la mano por el más nefasto egoísmo que impera en cada átomo de muchos seres que dicen ser gobernantes y que solo son bestias endemoniadas en pieles humanas. Pero, sí, otro mundo es posible. Otro mundo en el que llegar a la vejez sea el regocijo de ir preparando el camino hacia el más allá, sin preocupaciones ni penurias materiales, donde la salud no esté en manos del beneficio a toda costa, sino en el equilibrio de una sociedad que ha encontrado su razón de ser en el desarrollo pleno del ser humano.

   A los abuelos del mañana solo desearles que lleguen despiertos a su vejez y recordarles que por muy altos que sean los obstáculos, más grande es la recompensa por salvarlos.

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