NO SE LO DIGAS A NADIE

Desperté sobresaltado. Estamos en mayo, el mes de las flores de este Madrid del segundo año de la pandemia. Salí corriendo hacia el parque del Buen Retiro buscando nuestro banco. El banco donde yo y el abuelo descansábamos y pasábamos horas y horas. Unas veces hablábamos sin dar tregua a nuestros labios y a la memoria que íbamos siendo, otras solo disfrutábamos del silencio y la buena sombra. En esta madrugada había soñado que el abuelo me decía que no debía perder tiempo nada más despertar, que debía dirigirme al banco de nuestros encuentros y que allí me esperaría. No podía creerlo. Era imposible. Desde que él murió, casi desde aquella primera noche sin él, los encuentros con el abuelo eran frecuentes, pero siempre a través de los sueños o, estando despierto, cuando me dejaba llevar por su recuerdo. No podía estar vivo. No podía ser real. Llegué en un santiamén, pues sigo viviendo muy cerca del pulmón madrileño.

Parque del Buen Retiro

Estaba amaneciendo. Los primeros rayos acariciaban el lago del parque como acaricia una madre a su hijo recién nacido. Podía ver de lejos nuestro banco, pero allí no veía a nadie. Estoy loco, pensé, cómo podía creerme lo que mi abuelo me decía en sueños, pero también recordaba las veces que el abuelo me avisaba de algo y realmente sucedía. Pero esto es otra cosa. Me dijo que me estaría esperando. No puede ser. A pocos metros y casi a punto de darme la vuelta, vi algo que me llamó la atención, era un sobre. Parecía de esos sobres de antes, que se usaban para los envíos internacionales. Eso me le enseñó el abuelo, pues yo nací con Gmail, google maps y la Deep web. Me acerqué y el corazón me dio un vuelco. El sobre llevaba mi nombre como destinatario y como remitente el del mi abuelo Yayo. El corazón me dio un vuelco pues pude reconocer la letra de mi abuelo. Esa letra de sus días finales, algo temblorosa, pero bonita y legible como siempre había sido. Tomé el sobre sin poder valorar lo que estaba viviendo, pues me venía a la cabeza lo que el abuelo me dijo entre sueños y no podía entender: lee despacio, calmadamente, las veces que necesites, pero, sobre todo, interioriza con los ojos del corazón lo que te diré. Ahora podía comprender a qué se refería. Me senté y comencé a leer.

Parque del Buen Retiro

Nano, pon atención a todo lo que te voy a decir. Habrás reconocido mi letra y como podrás entender sigo vivo, aunque no esté en esa dimensión humana.  Tuve que pedir un permiso especial para materializar lo que tienes en tus manos y otro aún más especial para poder decirte lo que leerás. Son tiempos complejos.

Son tiempos de cambio, tiempos complejos

Por estos lares también hay normas, pero no basadas en creencias y caprichos humanos, sino en la ley del Amor. Nadie está preparado para ver todo el horror que la humanidad tendrá que vivir. La humanidad que estás viviendo está muriendo. No está herida, no, está agonizando, en sus últimas horas. El mal dará su último estertor con tal potencia que se escuchará en distantes galaxias. Cuántas veces no hablamos de lo incomprensible de la vida humana, de los afanes de tantos por vivir bien a costa del mal, del sufrimiento, ajeno. Cuántas guerras por creencias fallidas de todo tipo, religiosas, económicas, políticas. Cuántas guerras contra la naturaleza misma. Ya la humanidad agotó su tiempo. Aquellos que hayamos comprendido, podremos disfrutar de otro mundo en esa bella morada, en ese bendito planeta azul. Los que no, tendrán que seguir su aprendizaje en otros predios, en otras altitudes cósmicas, donde tendrán que seguir repitiendo las lecciones que necesiten. No hay infiernos, querido Nano, pues los infiernos son las insanas relaciones que los seres son capaces de crear en torno a ellos en su particular espacio tiempo. Fuera de ese espacio tiempo, la vida es otra cosa, pero siempre estamos en movimiento. Siempre nacemos para experimentar el Ser y en cada encarnación podemos meter la pata y alejarnos de la única ley que gobierna el universo, la ley del amor. Dejar de amar es caer en la rueda del sufrimiento. Las conciencias, por su misma naturaleza creadora, tiene una capacidad extraordinaria para hacer sufrir hasta límites insospechados cuando se alejan del amor.

   El virus, Nano, no será vencido. El virus es tiempo, Nano. Tiempo para que cada quien pueda encontrar realmente el significado de su vida y de la Vida. El ser humano de a pie será sometido, por los distintos Estados, cada día más a mayores restricciones en su vida. Las estructuras del poder, en toda latitud, solo encontrarán en la opresión hacia la ciudadanía la forma de controlar las distintas mutaciones del virus. El caos reinará y el poder de las balas volverá a ser el argumento de unas estructuras de poder que no sabrán qué hacer porque seguirán gobernando solo para sí mismas e intentando salvar un modelo de esclavitud que ha reinado entre los hombres desde los mismos inicios de esta última humanidad. La economía, su debacle, será el chivo expiatorio para que los Estados impongan una ley marcial mundial. Pero, los verdugos, no se pondrán de acuerdo ni siquiera para torturar. Las guerras no solo serán contra el virus, sino contra el hambre y, sobre todo, contra el miedo, la incertidumbre de no saber si habrá un mañana, pues cada día será el último para millones de personas. El panorama, querido Nano, es desolador. Solo una serie de cataclismos, estelares y terrenales, podrán frenar la orgia de sangre que los distintos Estados realizarán contra los sobrevivientes a la pandemia.

El virus, nano, representa tiempo. Una prórroga antes del renacer

   ¿Por qué te digo todo esto? Te podrás preguntar, pues ya sabrás que por estos ambientes akhásicos el tiempo es un presente continuo. Lo hago, en primer lugar, como te dije, porque me han permitido trasladarte estos presentes por venir y, además, me lo han permitido porque saben perfectamente que tu alma está llamada a ayudar a muchas otras almas que no podrán ver ni entender todo lo que pasará y que ya está pasando, pero que nadie puede ver porque están cegados por un sinfín de creencias fallidas.

En el examen de la vida nadie puede hacer trampa: lo que no se aprende, se repite

Nano, lo más importante es que comprendas que la salida, la solución a los tiempos presentes, no está fuera de ti, sino dentro de ti. La respuesta al odio, al mal, no puede ser devolviendo con la misma moneda, pero tampoco puede ser escondiéndose en infinidad de zonas de confort y mucho menos, cuando el mal salpique directamente, dejando que el miedo invada el presente. La solución, Nano, no está en gritar verdades humanas a los cuatro vientos, pues todas están contaminadas de creencias fallidas, sino en hacer que el día a día se convierta siempre en una oportunidad para ayudar a los demás. Será difícil, pues nadie creerá en nadie, y el fanatismo se volverá más ciego, pero no importa, tu ayuda en los pequeños gestos que puedas dar a quien lo quiera aceptar. Tienes que salir cuanto antes para el campo. Habrá un giro inesperado al final, cuando el mal esté dando su último suspiro, pero sobre esto no puedo decirte. Solo me han permitido que sepas que, tras todo el dolor, habrá un nuevo renacer. Pero entrar o no en esta nueva etapa no depende de lo que seas capaz o no de soportar, sino de tu capacidad para no dejarte contaminar por el mal. No cierres los ojos y ayuda todo lo que puedas, pero, sobre todo, no dejes que el desaliento se apodere de tus días y, ante todo, no te dejes vencer por el odio.

Mirar hacia otro lado nunca fue la solución…

   Ah, no se lo digas a nadie. Me lo han impuesto. Además, tú sabes que nadie te oiría, pues el ser humano, cuando está invadido por miedos o creencias fallidas, no puede escuchar sino su propio miedo a morir. Pero, la muerte, querido Nano, es el paso a nuevas vidas. Espero verte y abrazarte en los nuevos tiempos.

    Voy camino a casa. La cabeza me da vueltas. Mis pensamientos comienzan a girar entre calles y empiezo a entender lo que veo a mi alrededor. Tengo que volver a leer esta carta hasta que entienda la última sílaba. Gracias abuelo, gracias Yayo. Yo también quiero verte y abrazarte y sé que lo haré. No quiero seguir navegando por más infiernos y sé que los nuevos tiempos serán paraísos terrenales, pero no los que han construido religiones e ideologías preñadas de odio, sino los que nazcan de ese hombre que se descubrirá en medio del universo, ese hombre abierto a las estrellas.  

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