EL ARTE DE ENVEJECER FELIZ

Edades encontradas
Qué edad es la correcta para jubilarse y disfrutad de la nueva etapa de la vida

   Envejecer feliz no es algo que ni siquiera se planteen los jóvenes menores de 40 años y, si me apuran un poco, tampoco los que sobrepasan esta edad y aún no han llegado a esa edad en la que la sociedad te desecha para tu bien, dicen, para tu descanso y deciden que has de jubilarte. Por cierto, y al respecto, qué edad es la ideal, la correcta, para disfrutar con vitalidad y plenitud los años dedicados al conjunto social. Es una gran hipocresía social, heredados de sistemas ajenos a la felicidad humana y solo centrados en el beneficio económico de una pequeña parte de la población, el plantear si quiera alargar la edad de jubilación para seguir alimentando a una economía que ve la vejez desatendida como un problema más familiar que social y al hombre mismo como una mera mercancía más de un sistema productivo egoísta. Hipocresía pura y dura que solo puede manifestar, una vez más, la impersonalidad y deshumanización de un sistema económico y político que ha olvidado la esencia del hombre, su Ser.

La vejez no se vende
La vejez no es un valor en bolsa

 

 

 

 

 

EL ARTE DE ENVEJECER FELIZ SIN MIRAR ATRÁS

   Suelen decir que todo pasado fue mejor. Es una mentira y un método de control. Es una mentira porque solo el presente es el tiempo real de la existencia.

La felicidad se vive en el presente
El tiempo de la felicidad solo se conjuga en presente

No importa cuán desgraciada pudo haber sido y sea la vida de alguien, siempre se puede cambiar el ahora, el presente. Siempre se puede, digan lo que digan. Si eres de esos abuelos que han llegado a este período de la vida habiendo trabajado como un loco y a destajo para alimentar a tus hijos, a tu familia, y has vivido inmerso en un tipo de sociedad completamente deshumanizada, solo preocupada por el interés y beneficio económico de una minoría, y no encuentras la forma de encajar con los nuevos tiempos de jubilado, solo tienes que saber que sí puedes encontrar la felicidad en tu tiempo presente. No hace falta refugiarse en las zonas de confort de un pasado que, por sí mismo, y en muchos casos, solo fueron espejismos en el desierto de la deshumanización de la sociedad. Sí, la familia, los seres queridos, son el natural refugio de los malestares, pero no podemos olvidar que en las sociedades enfermas, nadie está inmune a la indiferencia y nuestros jóvenes están viviendo en tiempo presente lo que para los abuelos es agua pasada. Sin embargo, romper la inercia para alcanzar la felicidad en la vejez es posible con poco esfuerzo, pero con mucha tenacidad.

Confusiones interesadas
Algunos confunde GOLD (oro) con GOD (DIOS)

Se necesita poco esfuerzo porque solo depende de ti y sí necesitas mucha tenacidad porque has de romper la inercia que te hace pensar que todo tiempo pasado fue mejor o, peor aún, creyendo que el tiempo ya no te pertenece. Mientras tengas vida, tuyo es el tiempo.

FORMAS DE ENVEJECER FELIZ EN LOS TIEMPOS DE INTERNET

   Aún para los que todavía queda lejos la edad de la jubilación, puede parecernos el mundo de internet como un cuento de fantasía, como algo que disfrutamos sin comprender el alcance real de lo que significa ese instrumento tecnológico. Sí, los más jóvenes, inmersos en la red desde que han nacido, ven el mundo de otra manera. Quizás las nuevas tecnologías puedan servir para algo más que rentabilizarlas económicamente a través de mil y un plataformas nacidas y diseñadas, en tantos casos, para fomentar el olvido y el sin sentido desordenado de los tiempos presentes.

El futuro está en la red
La red es el camino hacia el futuro lleno de presentes

Las nuevas tecnologías no solo han venido para enriquecer más un sistema económico obsoleto e inhumano, sino, quizá también, para trascenderlo y los más ancianos, digan lo que digan, tiene la ventaja, la enorme ventaja, de haber vivido en un mundo donde las comunicaciones no solo eran lentas y tediosas, sino muy tergiversadas. Muchos de ellos recién en su senectud han comenzado a ver el mundo de engaños en los que nacieron y vivieron. Muchos de ellos desean encontrar su verdad y no la  verdad que les impusieron a sangre y fuego. La felicidad en los tiempos de internet está dejando de ser una cuestión ajena al individuo, como gustaba fomentar pasados recientes y que ponían el pódium de la felicidad en cualquier ideología de masas gregarias que se hacía pasar por humana.

Tú puedes encontrar tu lugar
El reto es vencer las creencias fallidas

Hoy, los abuelos, como la mayoría de los mortales, incluidos los milenials, aún sin saber cómo funciona la red, pueden buscar la felicidad en la misma búsqueda de sí mismos. En ningún tiempo pasado la felicidad estuvo tan visible y tan a la mano como en estos tiempos de gigas y viajes virtuales. Sin embargo, se sigue fomentando que la felicidad es algo fuera del individuo, que hay que perseguir para, a crédito o al contado, comprarla.

ENVEJECER FELIZ SIN TARJETAS DE CRÉDITO

   La felicidad es el estado natural del Ser. Envejecer feliz no es una cuestión de tener, de posesiones, ni si quiera carnales en nombre del amor, sino de reencontrase a sí mismo tras tantas cortinas de humo que la civilización económica siembra en cada neonato que llega a este mundo.

Eres muchos más de lo que puedas alcanzar a tener
Tu Ser no sabe de tu tener

El Ser humano nace emocionalmente herido por llegar a un mundo, a una sociedad, y ninguna se salva hasta los presentes, ajena al sentido del Ser. La tradición, la malsana tradición, transmitida de padres a hijos, de generación a generación, no ha podido frenar la inercia que representa el ver el mundo, las relaciones humanas, en base al conflicto e intereses encontrados, cada cual defendiendo su realidad bajo el prisma de sus creencias, la mayor parte fallidas y solo destinadas a seguir separando a unos hombres de otros. Sin embargo, estos tiempos de internautas, incluidos nuestros abuelos, pueden representar esa fuerza nunca antes vista que permita no solo frenar esa inercia malsana, sino de cambiar realmente el rumbo de nuestras sociedades. No se trata de envejecer feliz con una tarjeta de crédito sin límites, sino de encontrar la felicidad dentro de uno mismo y poder transmitirla en cada acto de nuestras vidas. Un abuelo feliz contagia felicidad a su entorno y no se pueden imaginar el poder que tiene ver a nuestros abuelos felices a la hora de cambiar el mundo.

Su despertar es el despertar de la humanidad
Temen el despertar de los abuelos

No crean que es mentira la actitud generalizada de indiferencia hacia nuestros abuelos, aunque la maquillen de políticas sociales y humanas, y que solo persigue el fin de mantener a nuestros abuelos en el limbo de otros tiempos. No quieren, bajo ningún concepto, que nuestros abuelos despierten y transmitan su vida, su verdad. Muchos de los que hoy dirigen estas sociedades deshumanizadas saben que el día que los abuelos despierten, otro mundo virtual y real nacerá.

LA ABDUCCIÓN DE MI ABUELO

Esta historia me la relató mi abuelo poco antes de morir. Yo tenía catorce años y él cerca de los noventa. No los cumplió. Me dijo que nunca se la había confiado a nadie porque siempre sintió miedo de que se burlaran de él o, peor aún, que lo tomaran por loco. Me dijo también que yo le había demostrado ser lo suficientemente abierto de mente, a pesar de mi edad, para contarme lo que le sucedió aquella mañana helada, propia de un invierno burgalés, cuando apenas contaba veinte años.

¿QUÉ ES UNA ABDUCCIÓN?

   Era la década de los cincuenta. Burgos aún respiraba los aires de los primeros años de la posguerra dejándose acariciar por una cierta industrialización. A sus calles llegaría mi abuelo en busca de la prosperidad que al campo le era negada. Era oriundo de una pequeña aldea del occidente asturiano, Moal.

Camino al paraíso
Moal, Paraíso, ayer y hoy

En aquellos años, me decía mi abuelo, el futuro pasaba por bajar a las minas cercanas o dedicarse a las faenas de un campo que había que mimar con las manos minuto a minuto para a comer al menos una vez al día. Él, sin embargo, soñaba con otros mundos, quería buscar su propio paraíso. Así llegó a Burgos, a la casa de los padres de quien más tarde sería mi abuela. Allí comenzó realmente su pasión por las estrellas. Me contaba cómo iban cada noche, a escondidas, mi abuela y él, a la ermita de San Amaro para contemplar el cielo estival y robarse unos besos uno al otro. Cuando el invierno hacía imposible aquellos pequeños placeres, cuenta mi abuelo que, sin saber por qué, decidió un 20 de enero acercarse a los prados adyacentes al santuario.

La ermita
El santuario de San Amaro

No sabe cómo llegó allí y si eran las diez o las once de la noche. Un frío que helaba cualquier pensamiento y que atravesaba esa montaña de ropa que lo abrigaba se apoderó de él y, cuando estaba a punto de despertar de esa locura, sintió el calor de una luz que lo cegó y le calentó hasta el último centímetro de piel. Se sentía desnudo y como sumergido en un mar en calma.

 

 

LA ABDUCCIÓN QUE VIVIÓ MI ABUELO

   Mi abuelo era letrado y se había leído las obras del perseguido y quemado monje Giordano Bruno.

Giordano Bruno, el monje que ni la hoguera pudo impedir que viviera sus sueños

Cómo él, soñaba también con mundos distantes pero no tan distintos en cuanto a los seres que los habitaban, pues todos eran, pensaba para sus adentros, hijos del mismo Dios. Aquella noche, sin embargo, pudo ver con sus ojos y sentir en su alma la verdadera naturaleza de Dios y el universo que lo permea. Sí, me confesó mi abuelo que estos seres que lo llevaron no sabe a dónde, de alguna manera le hicieron comprender algunas cosas y entre ellas que el universo no pertenece a Dios, es Dios mismo. Que los distintos seres que lo pueblan no difieren tanto en su morfología, sino en su camino hacia reconocerse como partes de esa Conciencia Divina que lo impregna todo. No somos seres de carne y hueso, venía a decirme, sino espíritus que encarnan para que Dios experimentase todas las formas posibles de ser. El tiempo era una ilusión de ese espíritu que se encarna y vibra en busca de sí mismo. Realmente nadie hubiera creído a mi abuelo, pero yo sabía que no me mentía, que era incapaz de sembrar en mí alguna falsedad y mucho menos ofender a esa divinidad que, desde entonces, mi abuelo ama sin nombrarla, sin darle más atributo que ser puro Amor. Sí, también le enseñaron que el Amor no es un estado de la conciencia del ser humano, ni siquiera de otros seres del universo, de la infinidad de seres que pueblan el infinito, sino es Dios mismo creando y recreándose en cada Conciencia que brota de Él mismo.

REGRESANDO DE LA ABDUCCIÓN

   Me contó mi abuelo que tras su regreso habían pasado cinco horas y que despertó en su cama como si nada hubiese ocurrido, pero él sabía muy bien que lo vivido no había sido un sueño ni un delirio. Los zapatos aún embarrados daban fe de la experiencia vivida. Estuvo días sin mediar casi palabra. Hasta mi abuela llegó a pensar que había otra mujer, que su comportamiento era como el que ocultaba algo. Jamás se atrevió mi abuelo a comentar nada de nada, ni siquiera a ella, que era a quien más amaba en este mundo. Mi abuelo quiso dedicarse a la astronomía, pero en aquella época, en aquella España católica, apostólica y romana, donde los astros estaban aún al servicio del clero, aunque hacía ya años que el sentido común iba penetrando, poco a poco, las mentes obtusas de la iglesia, no había lugar para él y su nueva visión del mundo.

La mirada hacia el infinito
Mirando el infinito

Optó por estudiar la mejor carrera posible, hacer feliz a mi abuela. Pudo entrar en el negocio de la fotografía, montar su propio estudio, con ayuda de mi bisabuelo, e ir, poco a poco, escudriñando más y más los cielos burgaleses en busca del infinito. Nunca dijo nada del porqué de esa afición, ni siquiera cuando compró su primer telescopio y lo instaló en el ático de la que hoy en día es la casa de mis padres. Él sabía que aquello que buscaba ya lo había hallado hacía muchos años, pero cada 20 de enero, no importaba  el clima ni las circunstancias, siempre volvía, a las diez de la noche, al santuario de San Amaro. Pasaba, ya no tantas horas como en los primeros años tras la abducción, mirando los cielos nocturnos como quien se mira a sí mismo en el espejo. Desde algún lugar, lo sabía, lo estaban observando y, aún más, cuidando y, aún más, amando.

YO SÍ ESPERO MI ABDUCCIÓN

   Tenía catorce años cuando mi abuelo me contó su experiencia y yo, que quería ser futbolista, pues los estudios no eran mi fuerte, me dediqué a estudiar lo que él soñaba ser. Y no me arrepiento, soy doctor en astronomía y me fascina lo que hago.

No estamos solos
Millones de planetas esperan a ser descubiertos

He descubierto más de un exoplaneta y estoy seguro que seré uno de los primeros en dar la bienvenida oficial a esos seres que pueblan el universo y que, nos guste o no, lo admitamos o no, lo aceptemos o no, están ahí, observando a que el hombre deje de mirar el universo con miedo o perplejidad y pueda reconocerse como hijos de las estrellas. No tengo miedo a expresar mis opiniones, aunque camino a la tercera década del siglo XXI, aún hay mentes que no quieren ver más allá de sus creencias limitadas y fallidas, más allá de sus saberes sujetos a fórmulas tergiversadas del hombre y de la vida. Razón tenía mi abuelo cuando le pregunté por qué no se había atrevido, ya de mayor, a contar lo que más que visto había experimentado en todo su ser  y me contestó, mirándome a los ojos, el hombre no puede ver con los ojos lo que su mente no es capaz de ver y menos aún puede comprender con la razón, con la mente, lo que su corazón no es capaz de amar. No sé bien por qué me lo dijo, pero intento, desde entonces, ver las estrellas con el corazón y, sorprendentemente, siempre encuentro nuevos datos que me llevan a convencer a aquellos que se niegan a ver y si no me llevan a convencerlos, que tampoco es mi tarea, sí a callarlos.

   No sé dónde estás abuelo, pero sé que estás viviendo lo que en este mundo soñaste cuando mirabas el infinito.

QUIERO UN ABUELO PARA NAVIDAD

Los deseos no bastan para hacer de una buena intención algo real. Para construir la realidad se necesita también ejecutar la voluntad de querer alcanzarla. Los deseos, muchas veces, solo son refugios para calmar la mente de muchas frustraciones. Abuelos y navidad pueden parecernos conceptos que no casan, que, a lo sumo, se encuentran en esas fechas por un efecto colateral de tradiciones que no comprendemos y seguimos con ellas por una inercia visceral. Sin embargo, para ahondar en esta afirmación, he aquí el relato de un nieto que nunca conoció a su abuelo y jamás pudo pasar una navidad junto a él.

CONOCÍ A MI ABUELO POR NAVIDAD

   Cuando pregunté a mi papá por mi abuelo, su papá, era víspera de Navidad y tenía yo siete años.  Solo me contestó que el abuelo hacía mucho no estaba entre nosotros, que estaba en el cielo. Siguieron los años de la inocencia marcados por esas palabras sin preguntar más. Cuando cumplí trece años supe la verdad.

MI abuelo comenzó a vivir en mí a los trece años

Mi abuelo no estaba muerto, solo mis padres así lo creían por cosas que no comprendía en ese entonces. Siguieron pasando los años de la desconfianza y la rebeldía. La nostalgia por mi abuelo continuaba creciendo hasta que un día, a escondidas, pude conocer su bello rostro en fotos. Encontré una vieja fotografía en un aún más viejo libro, Los viajes de Gulliver, en una edición de 1863 y que estaba autografiada y dedicada a mi abuelo por alguien que sólo sé de él apenas su nombre, Belarmino Buendía. Aún hoy, a mis setenta años, sigo pensando cómo llegó ese vetusto libro a mis manos y, hoy día lo sé, desde entonces comencé a revelarme contra las casualidades y los misterios. Todo tenía que tener un por qué, un motivo. Las cosas no podían ser así como así solo porque nos negásemos a aceptar lo que no  nos agrada o, peor aún, por desidia, desgana, falta de enfrentar con coraje lo que no comprendemos. Mi padre rehusó de su padre dejándome sin abuelo por algo que, hoy sé, fue más un arrebato del autoritarismo que heredó de mi propio abuelo que por su propia voz interior, desgarrada por la falta de valor a la hora de hablar de tú a tú con quien más quiso. Sí, repetimos tantas cosas que nos desagradan para aprender, tardíamente, a trascenderlas. Hay errores que se convierten en nuestra sombra. Un día, ya hartos de tropezar una y otra vez en la misma piedra, decidimos rodearla. Mi padre cometió con mi abuelo lo que mi abuelo hizo con él por amor a la tradición. Ni mi padre ni mi abuelo pudieron trascender su condición de machistas empedernidos, todo por amor, según les habían enseñado a sangre y fuego.

El peso del ADN cultural
El ADN cultural tiene más peso que el ADN genético

A mí me costó pasar página, y solo pude hacerlo cuando decidí cambiar de libro. Comencé a leer otros libros  de la vida que nada tenían que ver con aquellos que mi tradición tenían como libros de cabecera. Comencé a dejar de ser otros para ser yo mismo. A estas edades, ya con varios nietos rondándome las canas y mis fuerzas, hubiese querido tener a mi abuelo por navidad para decirle lo mucho que lo amo sin haberle conocido, sin haberle podido dar un beso o una caricia.

LA NAVIDAD EN LA QUE BUSQUÉ A MI ABUELO Y SUPE QUE YA NO ESTABA

   Fue el diciembre más frío que recuerdo. Nunca sentí tanto terror a la nieve y a los rayos como aquel año en el que recibí la noticia de la muerte de mi abuelo. Ya rondaba yo la mitad de la década de los treinta años, con un hijo a cuestas y otro en camino, cuando fui el único en la familia que fue a enterrar la tradición.

La tradición de la muerte
hay tumbas que nunca se cierran

Mi abuelo murió solo, en una residencia. Supe que llevaba años sin querer hablar con nadie. Nunca perdió la cabeza y hoy quisiera que la hubiese perdido para así no sufrir lo que debió sufrir por no tener presente sino solo pasados que revivir. Paradójicamente ese año, en el que había decidido buscarlo, llegué justo para velarlo. Ni siquiera pude pedirle perdón, ni siquiera pude ver el brillo de sus ojos y decirle lo mucho que lo amaba, lo mucho que sentía no haberle ido a visitar dejando que el tiempo profundizase las heridas. Solemos extrañar lo que se nos va sin darnos cuenta que, muchas veces, dejamos partir lo que queremos por tradiciones que nos aman envenenándonos de creencias. Creencias que solo sirven para mantener a los muertos en sus propios infiernos.

   Desde aquella tarde decembrina no volvía a ser yo. Pero no para restregarme mis equivocaciones, mis errores, y seguir la tradición de odiar lo que uno no comprende o no le han enseñado a comprender. No sé por qué, qué fue lo que paso en mí al verme solo, con unos pocos trabajadores de la residencia donde murió, frente a un féretro que buscaba su lugar en la tierra que lo vio nacer.

Superando creencias
El valor se mide por la capacidad de superar tradiciones y creencias fallidas

Supe entonces, como si un cielo  gris encapotado hubiera dado paso a un azul puro con un sol embellecido por los ángeles, que nunca dejaría que tradición alguna estuviese por encima de un ser humano. Dejé de creer en las tradiciones para creer en los hombres de carne y hueso, en los que se dejan arrastrar por miedos que no les pertenecen, que no los definen y comencé a acercarme a mi padre, de quien ya me había alejado y comencé a construir otra relación con mi hijo de siete años.

LA NAVIDAD QUE ME CONVIRTIÓ EN ABUELO

   Mi padre murió en su propia tradición y aunque aprendió a disimular ante mi distinta visión de la vida, nunca dio el paso para aparcar su orgullo y conversar con uno de tú a tú de sus propios miedos. Por más que lo intenté, solo conseguí de él su mirada despectiva y misericorde. Se creía superior tal y como la tradición espetaba a los padres de familia, tú eres la cabeza, tuya tu tribu. Nunca dejó de pensar en sus seres queridos como meras mercancías con alma. Pero yo, gracias a mi abuelo, al recuerdo que fabriqué a través de los años de los días que me robaron su amor y su presencia,  y a mil factores más que van moldeando la fuerza para vencer la inercia que nos trae al mundo, logré entrar en la senectud con el alma puesta en mis nietos.

   Me hicieron abuelo el día que enterré a mi padre. Era un día de Navidad. En la familia se pensaba que el pequeño Felipe venía con malos augurios, sin embargo, desde el mismo instante que empezó el runruneo dejé claro que no había desgracias y fatalidades, que la llegada de Felipe era una bendición para todos.

No hay límites a la hora de cambiar
En cualquier lugar, en todo momento, se puede recomenzar

No solo era mi primer nieto, hoy ya tengo ocho, sino que su llegada nos enseñaba, les dije en un cónclave improvisado en el cementerio, que en la vida no hay más demonios que los que uno decide adoptar como propios, que no hay desgracias más allá de las naturales y que una vida tiene identidad propia y que no se puede manchar con nuestros propios miedos. Tras terminar la pequeña letanía pude ver en el rostro de mis hijos la complicidad de los nuevos tiempos. Habíamos roto la tradición aunque fuese al precio de enterrar en nuestras memorias, y para siempre, a nuestros muertos.

   Hoy me siento feliz de ver que mis nietos me quieren como regalo para sus días más allá de estas fechas de Navidad. Los busco y los ayudo en lo que las fuerzas me permiten pero, debo confesar, desde que vi cómo iba aumentando la familia, no niego que las fuerzas no siguieron su trayectoria natural, sino, todo lo contrario, comencé a rejuvenecer en las risas de mis nietos. Sé que un día me iré pero también sé que luché con todas mis fuerzas para quedar en la memoria de mis hijos y mis nietos no como un hombre de tradición, sino como el abuelo que rompió la tradición.

EL JUEGO EN LAS PERSONAS MAYORES COMO MEDICINA, FÍSICA Y MENTAL

Jugar es, casi sin duda alguna, el verbo más social y por el que la persona, niño, adulto, personas de la tercera y cuarta edad,   alcanzan un mayor nivel de sociabilidad. El juego en las personas mayores es no solo recomendable, sino imperativo.

Jugar es saludable
El juego para mayores es salud

No solo para entretener a la mente, sino como medicina para el cuerpo, la mente y el alma. Jugar no solo es reencontrarse con el eterno niño que tenemos dentro, por más años vividos en sociedades solo aptas para sobrevivir a precios muy altos, sino es encontrar el camino a casa, con el Ser que somos, más allá de las sendas particulares que cada uno ha transitado. Jugar es renacer. Sin embargo ¿Son todos los juegos aptos para el mundo de las personas mayores? ¿Hay juegos negativos, que más que hacer bien, profundizan el malestar en nuestras abuelas y abuelos? ¿Cómo, cuándo, con quién y por dónde empezar esta terapia lúdica?

LAS CLAVES EN EL JUEGO EN LAS PERSONAS MAYORES

   El juego puede entenderse como un instrumento más en el acervo humano para crecer, desarrollarse, aprender y disfrutar al mismo tiempo. El juego en las personas mayores no debe dejar de satisfacer ninguno de esos renglones. En una sociedad enferma emocionalmente, lograr encontrar los instrumentos claves para crecer espiritualmente, como ser humano, es una urgencia.

Jugar no tiene edad
Jugar nos devuelve a la más tierna infancia

El juego permitiría a nuestros mayores desencadenar dentro de sí un torrente de nuevas emociones  que permitirían desarrollarse en facetas que quizá nunca imaginaron que podrían realizar. El juego, más allá de su aspecto lúdico, también sirve para aprender. No solo para adquirir nueva información sobre el mundo, sino para aprender más cosas sobre sí mismo. Todo está relacionado e interconectado. El ser humano y sus capacidades creativas no se agotan ni con la edad ni con las situaciones de su entorno. Además, si a todo lo dicho le sumamos el disfrute, la satisfacción mental y sobre todo anímica, que más le podemos pedir al juego.

EL JUEGO EN LAS PERSONAS MAYORES, PAUTAS Y OPCIONES

   Cada ser humano es un mundo, por consiguiente no hay fórmulas mágicas para nada en lo concerniente al hombre en sí mismo. Pero este impedimento estructural, tampoco puede impedir dar pinceladas, esbozos, caminos por los que el juego en las personas mayores pueda convertirse en parte sustancial de esta nueva etapa.

Siempre hay edad para jugar
No hay edad límite para crear y jugar

Frente al juego individual, es preferible el social, el que lleve a las abuelas y abuelos a interactuar entre sí. Frente a los juegos de mesa, que son muy llamativos a estas edades adultas, hay que valorar los juegos que lleven no solo a una actividad física (pasear, algún tipo de juego que no lleve una sobrecarga física –petanca, por ejemplo-, etc.), sino a una actividad intelectual. Frente a unos juegos que buscan pasar un rato, se pueden planificar juegos que se dilaten por varios días. Frente a juegos que impliquen solo a miembros de determinada edad, se pueden buscar juegos que lleven a implicar a todas edades, donde la abuela o el abuelo puedan interactuar también con sus hijos, nietos, etc. Frente a la satisfacción del juego mismo, también no se puede olvidar que el fin perseguido es que las personas mayores puedan, a través de la actividad misma, no solo valorar sus destrezas, sino descubrir nuevas destrezas que no estaban en su mente que podría realizar.

Lo importante es jugar
Desde tu vecindario hasta una residencia, siempre hay espacios para jugar

Opciones pueden haber muchas, muchas. Se pueden organizar no solo desde Residencias para mayores, sino a nivel de ayuntamiento o municipio con sus diversas áreas sociales. Se puede organizar incluso a nivel de vecindario, desde una comunidad de vecinos en particular como al conjunto de comunidades de vecinos de una calle o barrio en concreto. Si se quiere, se puede.

EJEMPLO DE UN JUEGO PARA MAYORES, UNA GYNKANA 4.0

Los retos de planificar una gynkana pueden ser, en sí mismo, un gran juego si se implican no solo el personal organizativo, sino los mismos abuelos a participar. Las pruebas combinarían tanto el aspecto físico (a travesar un parque, hacer una ruta de senderismo local o una ruta local de cualquier índole, iglesias, museos, etc.) como el intelectual (búsqueda de respuestas a un catálogo de preguntas que implicaría no solo el uso de Internet, sino la ayuda de nietos, hijos o amigos).

Siempre nace un juego nuevo cada día
Hay mil juegos que se pueden organizar

La gynkana puede durar el tiempo que uno quiera, aunque lo recomendable es no dilatarla tanto. Entre una semana y un par de semanas de duración serían un tiempo idóneo para el juego. Se pueden organizar gynkanas mensuales, trimestrales, semestrales, en dependencia del grupo formado. No hay límites para organizar una gynkana como juego para mayores, pues los límites los pondrán los mismos abuelos y la idea es que a cada nuevo reto alcanzado, dejar volar la imaginación y buscar nuevas emociones. No se trata de convertir una gynkana en una monotonía, al estilo de tanto juego de mesa, sino de lograr una dinámica que impida a las personas mayores que participen aburrirse y caer en esa espiral de abatimiento.  Los premios a los equipos pueden ser variopintos e incluso puede, como un premio común a todos, organizarse una buena comida o cena donde todos puedan compartir sus experiencias.

QUÉ SE GANA EN UN JUEGO PARA MAYORES

Todo. Se gana salud física y mental y, sobre todo, si se logra adecuar los juegos a los  propósitos de desarrollar en ellos mismos capacidades que ni siquiera pudieran sospechar que tenían, se gana una salud emocional.

Jugar hace bien
La emoción del juego es una terapia para el cuerpo, la mente y el alma

El juego es un creador de emociones de todo tipo y bien enfocado, al nivel de un juego para mayores, puede crear emociones tan positivas para ellos que puede convertir el juego en un efecto placebo de consecuencias insospechadas. No hay efectos colaterales ni desagradables cuando se organiza un evento de esta magnitud pensando no en cómo ayudar a matar el tiempo a nuestros mayores, sino en cómo vivir el tiempo que tienen nuestros mayores y que, muchas veces, son incapaces de gestionar porque en las sociedades enfermas de nuestro tiempo las personas mayores son vistas más como un problema que como un tesoro, que es lo que realmente son. No se trata de engañar a las personas mayores con caramelos endulzados de falsas expectativas, sino en ayudarles a sentirse que su vida sigue teniendo significada aun cuando las sociedades solo les sigan viendo con ojos de incomodidad. Nuestros mayores no solo lo merecen, lo necesitan como agua de mayo.

SECRETOS DE LA TERAPIA METAMÓRFICA EN LAS PERSONAS MAYORES

   La terapia metamórfica no es solo una forma más de poder ver la relación entre cuerpo, mente y espíritu, sino es una asignatura pendiente en estos tiempos de enfermedades sociales de todo tipo que terminan con la salud física y mental de muchas personas. Nadie debería extrañarse que el cuerpo reaccione a la mente y esta al entorno. Nadie debería extrañarse que el entorno sea manipulable y que, por esa característica, el hombre caiga en el gregarismo social.

Caballos desbocados
Hay situaciones que incitan al gregarismo

Somos incapaces de alzar la voz, ya no digamos de cambiar de dirección, cuando la mayoría se dirige hacia un punto concreto. Hoy en día plantear que hay intereses económicos creados para mantener  un sistema productivo de fármacos de todo tipo, que solo pretende más que curar, crear adicciones de todo tipo, sería una herejía pseudocientífica, pero la realidad que va más allá de la propaganda del beneficio a cualquier costo, es que las terapias que intentan armonizar cuerpo y mente de una manera no violenta, de una forma natural, escuchando a nuestro cuerpo y a nuestra emociones, está en auge por más que les pese a muchos imperios de los fármacos y por más que les pese a quienes, por ignorancia o por complicidad, siguen creyendo en una medicina que usa y abusa de la tradición.

QUÉ ES LA TERAPIA METAMÓRFICA Y QUIÉN LA DEBERÍA USAR

 No sería ni exagerado ni descabellado decir que la terapia metamórfica debería ser de obligado estudio desde la más tierna infancia. En un modelo social donde el ser humano fuese centro del entramado social, y no de intereses de todo tipo que solo persiguen el dominio de unos sobre otros como hoy la tradición impone, en otro modelo, digo, los infantes humanos deberían aprender, teórica y prácticamente, esa vinculación entre mente, cuerpo y espíritu.

desbloqueos en los pies
Desbloqueando el cuerpo denso

   La terapia metamórfica tiene el objetivo de remover los bloqueos emocionales, mentales y espirituales que se instalan en el cuerpo apoderándose de él y obstaculizando el desarrollo armónico de esa unidad de cuerpo mente y espíritu que somos.  Obstáculos que a la postre terminan con mil y una enfermedades de todo tipo. Quizá para curar una depresión venga bien un buen abrazo, un buen masaje y hablar mucho con quien debemos hablar y no atiborrarse de pastillas que solo aleja más al deprimido de la realidad que lo circunda.

masajes en la cabeza
Aliviando y removiendo el cuerpo mental

La terapia metamórfica se ejecuta en forma de masajes sobre las tres áreas del cuerpo, pies, manos y cabeza. Los pies corresponden al cuerpo denso (físico-material y vital energético). Las manos corresponden al cuerpo emocional (donde se remueven bloqueos emocionales). La cabeza corresponde al cuerpo mental (mente inferior o concreta, pensamientos, ideas, mente superior, intuición, más cerca del espíritu o alma).

   La terapia metamórfica tiene como base algo tan simple que pasó desapercibido para los amantes de la ciencia médica tradicional, o eso se quiso imponer, de que todo está interconectado. Que el cuerpo, la mente y el espíritu no solo no van por libre, sino que es imposible que vayan por libre y que lo que pase a uno, influye en los otros.

Toda célula es afectada por las emociones
Tus bloqueos emocionales, espirituales, influyen en cada célula de tu cuerpo

También esconde la terapia metamórfica un secreto solo destinado a mentes libres, a saber, que el cuerpo y la mente pueden renacer a cada instante, que nadie está condenado al sufrimiento eterno. Pero esto es otro cantar.

LA TERAPIA METAMÓRFICA EN LAS  PERSONAS MAYORES

   La excelente persona y excelente terapeuta metamórfica, Marina Celaya, tiene el don en sus manos. Como suele decirse, sin caer en espejismos lingüísticos, si las personas supieran el poder que tienen  las manos, las usarían mucho más para su propia salud y no tanto para incitar al odio y la maldad. Las personas mayores tienen una desventaja con respecto a los jóvenes a la hora de acumular experiencias, tiene mayor número de horas vividas en estas sociedades enfermas de las que emergen un sinfín de enfermedades de todo tipo. Si bien la solución al mal social, a las enfermedades sociales, que se rastrea en mil síntomas, pude estar en otras esferas, lo cierto es que las personas mayores pueden equilibrar su nueva etapa con la terapia metamórfica.

Buscar el equilibrio emocional, espiritual y corporal es pilar en la Terapia Metamórfica

Sí, equilibrar. Una de los peores desequilibrios que emergen en la tercera y cuarta edad tiene que ver con los estados emocionales alterados a los que llegaron por una vida gregaria, con todo tipo de traumas causados por creencias que tenían que comer y digerir, les gustase o no. No es broma, llegar a mayor en estas sociedades enfermas, ni es fácil ni garantiza una vejez en paz consigo mismo y su entorno. Más que consejos sacados de una tradición que solo aspira a que el virus del mal se siga esparciendo de una generación a otra  o de mil píldoras para alcanzar una falsa felicidad, deberían nuestros mayores acercarse a terapias alternativas, como la Terapia Metamórfica. Si los tildan de locos, no importa. Si su locura les lleva a una felicidad no basada en pociones químicas, sino en suaves masajes, qué importa que los llamen locos.

Siempre hay un libro para tu crecimiento

ESTUDIAR EN LA TERCERA EDAD Y EL BÁLSAMO DE LA FELICIDAD

A veces se cree que estudiar en la tercera edad es una cosa de locos. Una forma  de matar el tiempo, en el mejor de los casos, o simplemente la forma de sacarse una espinita de un deseo juvenil incumplido. Puede ser que estas motivaciones sean muy reales en la mayoría de las personas mayores que deciden comenzar unos estudios que nunca hicieron, pues había que ganarse el pan y las manos en la casa no sobraban para ello, o comenzar otros que dejaron en el camino para dedicarse a estudiar algo más productivo o impuesto en el ámbito familiar.

Las tradiciones traicionan
Las tradiciones señalan más que el camino

La vida, en nuestras sociedades tradicionales, que se construyen a través de imponer a una generación lo que otras han dictaminado como las formas correctas de vivir, es a veces miope y frustra tantos sueños infantiles y juveniles. Pero otros tiempos están llegando y quien lo dude es que no está viendo bien el paisaje social en su conjunto. Sí hay muchos obstáculos que vencer para construir una sociedad no más justa, ni más moderna, sino más equitativa y más centrada en el desarrollo del ser humano y no tanto en el mantenimiento de castas que solo miran el beneficio económico y no el beneficio integral de cada uno de los miembros del grupo. Pero esto es otra historia, hoy venimos a escribir de estudios, estudiar en la tercera edad.

POR QUÉ COMENZAR A ESTUDIAR EN LA TERCERA EDAD

   Sé escribir y hacer las cuatro operaciones matemáticas y poco más, dirán muchos mayores para justificar su negativa a comenzar a estudiar en la tercera edad. No es justificación válida aunque a ellos les sirva de pretexto para oponerse a ese reto. No es válida, entre otros motivos, porque en una sociedad que aún necesita crecer mucho humanamente, ellos, las personas mayores, pueden dar aún lo mejor de sí. Suele creerse que las capacidades mentales van mermando con la edad pero, de ser cierto ¿es motivado por la edad o por creencias que se han implantado en nuestro cerebro desde la más tierna infancia y ni siquiera ponemos en duda? ¿Acaso un deterioro cognitivo, producto de una sociedad enferma, no es reversible? ¿Acaso la medicina clásica no tiene que verse cada día con remisiones espontáneas de enfermedades terminales?

Salud es felicidad
La salud comienza en uno y en la forma de construir la realidad

Pues bien, sí hay que buscar un motivo para comenzar o recomenzar a estudiar en la tercera edad está en relación directa con la salud. Estudiar es salud. Estudiar mantiene no solo la mente en una constante actividad sináptica que revitaliza, por sí misma, canales neuronales que yacían en el olvido. En otras palabras, estudiar vuelve a revitalizar sueños que teníamos olvidado y que, en su época, nos hacían vibrar de emoción. Para aquellos que ni siquiera tuvieron esa ilusión, estudiar en la tercera edad se puede convertir en toda una aventura. Una aventura que les puede llevar a descubrir facetas en sí mismos que ni siquiera habían reconocido tener, pues el estudio no es, ni mucho menos, memorizar datos, sino relacionar esos datos y darles nueva vida en relación a nuevos retos.

QUÉ ESTUDIAR EN LA TERCERA EDAD Y NO MORIR EN EL INTENTO

Cada persona mayor tiene su propia historia para saber qué estudiar en la tercera edad. Las historias humanas aunque se parezcan muchísimo, son completamente distintas unas de otras. Las vidas son como los mellizos, pueden ser idénticos por fuera, pero muy distintos por dentro y aunque tengas rasgos comunes, las diferencias se palpan. Pues bien, no hay cánones para decir a cada quien qué debe estudiar, pues nadie mejor que él mismo sabrá qué le hace tilín, qué le motiva, a la hora de querer comenzar esa aventura. Sabemos bien que en estas sociedades enfermas, que infravaloran a las personas mayores, aunque de boca para afuera digan lo contrario, no hay muchos medios disponibles al alcance de todos, pero sí se pueden encontrar.

Busca tu esencia a través de las lecturas
No importa si te llaman loco, tu locura es salud

Lo más importante, antes de empezar a buscar el dónde, es el qué. No se trata, como dije anteriormente, de matar el tiempo, de mantenerse activo por el simple hecho de mantenerse activo, sino de plantearse el estudio como una experiencia vital. Es más, no solo es una experiencia extraordinaria para quien tenga el valor de comenzarla, sino que pueden darse aportes significativos en las distintas ramas del conocimiento. Me explico. Obviamente comenzar un estudio formal significa comenzar la andadura por caminos que otros dictan, pero, a diferencia de los jóvenes estudiantes, las personas de la tercera edad no tienen que mostrar una fidelidad fanática por los conocimientos, más allá de los exámenes, pues su motivación está más allá de la necesidad de ganarse la vida con ellos. Dicho de otra forma, una persona mayor que enfrenta el reto de comenzar estudios sobre cualquier rama, tiene la fortuna de poder ser ella misma y descubrir nuevas relaciones de su rama de estudios que quizá los más jóvenes no se atreven a transitar por miedo a ser tildados de locos. Estudiar en la tercera edad tiene sus ventajas no solo sobre la salud, sino puede aportar nuevos conocimientos. Otra cosa es el reconocimiento de esas aportaciones en una sociedad enferma, pero, como diría mi abuelo, que nos quiten lo bailado.

DÓNDE ESTUDIAR EN LA TERCERA EDAD Y PASAR DESAPERCIBIDO

   Hoy en día las universidades, en una gran mayoría, tienen programas para que estudiar en la tercera edad no sea un esfuerzo cuesta arriba. Hay distintas maneras de lograr entrar en las aulas de alguna facultad e incluso de entrar en ellas sin la imperiosa necesidad de tener que asistir a clases.

La única imposibilidad que debes vencer son tus creencias

Sin embargo, todo hay que decirlo, el contacto entre estudiantes, y más si pertenecen a la tercera edad, es de vital importancia incluso para el aprendizaje mismo, pues en el intercambio de opiniones pueden solucionarse piedras de tranca de algún conocimiento específico. Así todo, la falta de movilidad, la imposibilidad de acceder presencialmente, de una manera cotidiana o esporádica, en las aulas de clase, no puede ser motivo para impedir que alguien que lo desee pueda acceder al conocimiento. Si, por cualquier razón, alguien no puede asistir presencialmente a las aulas de algún espacio universitario o centro de estudio, debe buscar mecanismos para seguir sus sueños, pues los hay. En el caso español, la UNED es un excelente ejemplo de apoyo a las personas, jóvenes y no tan jóvenes, que desean seguir o comenzar sus estudios y no morir en el intento.

formas de estudiar
Las posibilidades de estudiar se multiplican cada día

Además es una forma excelente de pasar inadvertido entre el número de estudiantes que cada año pasan por sus facultades y que ponen sus deseos de aprender  en manos de excelentes profesores.

CÓMO ENFRENTA EL ÁMBITO FAMILIAR EL ESTUDIAR EN LA TERCERA EDAD

   Igual que cada hombre es un universo único, cada familia es una estructura única y no hay dos familias ni siquiera similares aunque de puertas afuera todo parezca igual. Habrá familias que ignorarán o tomarán a mal el planteamiento de estudiar en la tercera edad cuando es su propia abuela o abuelo quien lo plantee. Otras, en cambio, lo verán como una alternativa a ese período de vida y a otras les será indiferente o lo verán como una chochera más del abuelo. Todas estas posibilidades se aderezarán de maneras distintas, tantas como familias hay.

Volvemos a clase
La familia es un pilar de apoyo para la vuelta a clase de l@s abuel@s

Sin embargo, lo importante es que la persona mayor implicada tenga muy claro el camino que quiere seguir en esta etapa y el hecho de que su familia lo apoye o no, es una cuestión lateral, no el asunto medular. La esencia es la voluntad de querer acceder a este nuevo ámbito de su vida y empezar a ocupar su mente, su tiempo y sus energías en el proyecto académico. Como planteé, no es solo una cuestión de matar el tiempo, ni mucho menos, sino de salud, mejor dicho Salud, con mayúscula.

Todos somos indispensables
Nuestros abuelos pueden ayudarnos a construir el futuro

Las familias implicadas no solo deberían ver con buen agrado esta alternativa para sus abuelos, sino que deberían sentirse orgullosas de ver que sus abuelos pueden ser ejemplo no por la vida dedicada a ellos, sino el ejemplo vivo de lo que aún pueden seguir enseñando. Si no quieren apoyar, al menos recuerden en no entorpecer la voluntad de esos abuelos que ansían estudiar en la tercera edad como forma de seguir viviendo la ilusión de ser. Recuerden, estudiar en la tercera edad es salud y un bálsamo de felicidad.

Luchando contra la enfermedad social

SOLEDAD EN LAS PERSONAS MAYORES, ENFERMEDAD SOCIAL

   En las personas mayores existe un mal, la soledad, que no solo marca su cuerpo y su mente, sino que engendra una enfermedad social y dice demasiado de la inhumanidad de las sociedades mismas.

La soledad enferma
Un efecto de la soledad

La soledad cuando es buscada para satisfacer ciertas necesidades del espíritu, de la mente o del cuerpo mismo, es atractiva y alabada, pero cuando es producto de las miserias de los distintos modelos sociales que olvidan que el núcleo de su razón de ser es el individuo mismo, su desarrollo como ser y no lo que el individuo pueda poseer, entonces se convierte en un obstáculo a vencer para que esa enfermedad social no se propague de generación a generación.

Entre soledades
Un paseo solitario no deseado

Sí, la soledad en las personas mayores no solo les daña a ellos como individuos, sino al conjunto social como especie y más cuando tratamos a nuestros mayores como si fueran no una fuente de sabiduría, sino un incordio, como gente que hay que soportar más que amar, respetar y cuidar. Obviamente no se puede, como en nada humano, generalizar, pero las excepciones a esta regla soterrada en el comportamiento social humano son, valga la redundancia, excepcionales.

   Esta enfermedad social que causa la soledad de nuestros mayores no se cura con parches ideológicos, ni con políticas sociales que buscan votos como si los abuelos fueran mercancías de un bazar turco, como si una ley escrita, una ordenanza, un edicto pudiera cambiar el mal engendrado por arte de magia. Esta enfermedad solo se cura, solo se puede curar, con amor y perdón. Es muy fácil de cambiar el rumbo de nuestras sociedades egoístas, egocéntricas y deshumanizadas si fuéramos capaces de ver el mal que estamos ocasionándonos a nosotros mismos y como reflejo de ello las personas mayores son el botón de muestra.

POR QUÉ Y CÓMO SURGE LA ENFERMEDAD SOCIAL QUE NUESTROS MAYORES SUFREN

   Pueden encontrarse  mil factores, mil causas añadidas que desencadenen ese mal que invade la mente y el cuerpo de nuestros abuelos, la soledad. Si la he tildado de enfermedad social es, entre otros motivos, porque su origen surge de la interacción del grupo social con su medio ambiente y con los otros grupos sociales. Esa interacción, perdida en los orígenes de nuestra última civilización, está preñada de miedo, de desconfianza. El paraíso natural  solo vive en las mentes de civilizaciones posteriores, que, buscando cómo superar esos miedos, elaboraron no solo un espacio idílico, un paraíso, sino un súper hombre capaz de enfrentarse a los miedos luchando y destruyendo a sus enemigos. Ya sabemos cómo termina esa historia de imponer paraísos fuera de nosotros mismos e intentar imponerlos a los demás, son los pilares de infiernos de todo tipo.

La soledad, cuando es impuesta, es una enfermedad social

   Suele entenderse que una enfermedad social es algo que le ocurre al individuo, sea una adicción como la drogadicción, alcoholismo, etc., y que afecta a la sociedad. Sin embargo, desde aquí se postula que es la sociedad la que está enferma, por eso lo de la enfermedad social, y que afecta al individuo y le genera todo tipo de malestar, entre ellos, la soledad. Una sociedad enferma de miedo, desconfianza, ignorancia (que nada tiene que ver con cultura académica), desemboca en una sociedad desequilibrada cuyos últimos factores, los individuos, sufren de lo mismo.

La soledad frente al cerebro
La duda, los miedos, nutren la soledad

Como dije anteriormente el miedo, la desconfianza, pueden ser los elementos que más definen a una sociedad enferma, contagiando a los hombres de sus características. Cuando con nuestra actitud, consciente o inconscientemente,  condenamos a otro ser humano a la soledad no estamos solo causando un mal en los otros, sino que estamos sembrando ese mal en nosotros mismos.

CÓMO SUPERAR ESA ENFERMEDAD SOCIAL QUE ES LA SOLEDAD EN ESTOS TIEMPOS DE CRISIS

   Lo dije anteriormente, solo el amor y el perdón pueden curar, no solo paliar, la soledad como enfermedad social. Puede parecer que entre la teoría y los hechos hay mucho trecho, pero quienes así piensan es porque sus pensamientos están saciados de mil creencias fallidas que aún no han superado. El amor no solo es la fuerza primigenia del universo, que podemos dar de una manera natural, pues somos parte del universo y no entes apartados surgidos de una danza cósmica. Amar es nuestro estado natural. La soledad es fruto del olvido.

Cerca a la soledad
Ayudemos a nuestros mayores a romper la cerca de la soledad

Olvidar lo que somos, que formamos parte de un Todo intencional y bondadoso, y no meras marionetas de los caprichos del azar. Amar es dedicar tu tiempo a otros seres que necesitan ser escuchados o simplemente acompañados. El tiempo, en las sociedades modernas, se exige que sea dado en su gran parte al sector productivo, al sector económico y se olvida que de esa forma solo estamos beneficiando a unos pocos en detrimento de la gran mayoría. Estamos sacrificando al ser humano que somos en detrimento de unos egos que se han separado de su esencia y que solo buscan su propio beneficio a cualquier precio.

   Superar esa enfermedad social que es la soledad, en especial la soledad de las personas mayores, es volver a encontrarse con la esencia que somos, seres humanos que vienen a experimentar la vida con sus seres queridos y no solo a mantener modelos socio-económicos que exigen la esclavitud al consumismo desmedido o a para llenar los graneros de seres inescrupulosos.

El amor es un antídoto contra la enfermedad social que representa la soledad

Una sociedad enferma por causa de individuos que imponen una visión tergiversada de la naturaleza humana y pretenden que los otros sigan la senda del matadero. Pero salir de esa inercia y rescatar a nuestros mayores de esa enfermedad social no solo es posible, sino necesario si queremos que los jóvenes de hoy tengan una vejez en compañía y acompañando a los más jóvenes de su tiempo. Sí, el juego es otra solución al mal de la soledad, pero esto es harina para otro post.

TARDÉ TANTO EN APRENDER A PERDONAR

APRENDER A PERDONAR ME LIBERÓ

   Ya han pasado casi nueve décadas desde que nací. Te escribo, querido nieto, querido Xavier, para desearte que no tardes tanto en aprender a perdonar como yo lo hice.  Sí, nos enseñan a odiar antes que a amar, a vengarnos antes de perdonar. Creo que a veces siento que todavía no logro aceptar que hay hechos y personas que merezcan perdón alguno por sus faltas, por la aberración de lo que han cometido, pero también sé que ese sentimiento no nace de mi corazón, sino de mi razón, de mi impotencia, de miedos que se resisten a morir en mí. Sí, Xavier, hay miedos que están tan arraigados en nosotros, que nos siembran desde antes incluso de nacer, que no solo cuesta reconocerlos a través del tiempo, sino de desterrarlos de nosotros una vez que aceptamos que están ahí, en nuestra mente, en nuestro corazón.

Nunca es tarde para el perdón
Tengo aliento para escribirte

Creemos que sin ellos dejamos de ser, no somos nadie, que perdemos nuestra identidad. Sin embargo, esa zona de confort que nos proporciona seguridades y certezas, como la de estar haciendo lo correcto, es un espejismo. El dolor solo se va cuando se deja partir la causa que lo motiva. Sin embargo, nos negamos a soltar, a dejar partir, aquello que ya no puede ser. Creemos que recordando el agravio, la falta, la pérdida, la añoranza, seguimos viviendo la situación anterior al dolor, pero eso es un espejismo y nada resuelve.

CUANDO APRENDER A PERDONAR SE CONVIRTIÓ EN UNA MEDICINA

   Me duelen las piernas y no es por lo que he caminado en la vida jajajaj Tú bien sabes que siempre me defendí en alta mar, buscando el sustento entre el cielo y la profundidad del océano. Vi tantas veces la muerte de cerca que llegué a creer que era inmortal, que nadie podría vencerme, ni siquiera cuando la muerte se llevaba a algunos de mis amigos, confidentes y compañeros de faena. Nací en el mar, como mi padre y el tuyo. Cuando naciste aún pensaba que seguirías el mismo camino. Aun, a esas edades tan tardías, me creía dueño y señor de mi vida, de mis tradiciones, de mi océano, el que divisaba desde nuestra casa en las costas de Vigo. Aún recuerdo los cuentos nocturnos que mi padre relataba en frías noches de invierno. Nunca terminaba sin recordarnos, a mí y mis hermanos, que había conocido al mayor de los aventureros marinos, al legendario Julio Gabriel Verne.

Recordando la infancia
Hay cuentos que nunca se olvidan

Desde entonces, nadie en nuestra familia se ha resistido a luchar contra el dolor para doblegarlo y vencerlo. Sin embargo, hay dolores que no nos enseñan a vencer, el dolor que causa nuestro propio egoísmo, nuestra terquedad, nuestro orgullo y, sobre todo, nuestros miedos, que solemos heredar sin siquiera comprenderlos. Perdí a tu abuela cuando nació tu tío Tomás. Tu padre y tus otros tíos supieron estar a la altura de aquellas circunstancias y en cierta forma me ayudaron a salir adelante, a volver a mi barco, a mis redes. Pero nunca perdoné a Dios que me hubiera arrebatado a quien más quería. Sin embargo, hoy, cuando estoy en la soledad de la habitación, con las luces apagadas, puedo escuchar a tu abuela decirme que está bien, que no culpe a Dios de nada, pues Él nada tiene que ver con misas, tradiciones y muertes accidentadas. ¿Está bien, dice? ¿Puedes creerme? Hace ya más de cincuenta años que se fue y aún está en mi mente los gritos de dolor, el último estertor, que escuché con total impotencia. Pero sé que está bien y no me preguntes por qué lo sé. Simplemente lo sé. Dice mi compañero de habitación que son tonterías, que nada nos aguarda al morir. Pero ella se me va apareciendo cada día con más fuerza, como en aquellas noches cuando me recibía tras días de ausencia por estar buscando el sustento de nuestra casa. No sé Xavier, pero me dijo que debo aprender a perdonar antes de partir, que no debo dejar cuentas pendientes, que no importa si no tengo como resarcir la situación porque alguien ya se haya ido. Basta, me dice, con clamar en silencio desde el corazón y pedir perdón. Primero a uno mismo por no haber aprendido a perdonar a tiempo, luego a todos aquellos que de una u otra forma los hemos condenado y alejado de nuestras vidas.  Era tan hermosa, tan buena mujer, tan buena madre y eso que, hoy sé, vivió los mismos miedos que yo, pero supo llevarlos y enfrentarlos mejor que yo. Quizá el hecho de ser mujer les hace estar más conectadas con eso que llaman misterios. No lo sé. Lo que sí sé es que tiene razón, que hoy decidí escribirte esta carta.

Hoy es mañana
No dejes para mañana el camino que puedes recorrer hoy

Sé que tu padre se fue de este mundo sin darle tiempo a decirte que sentía haberte dejado de hablar porque, simple y llanamente, seguía  la tradición. Jamás aceptó que uno de sus hijos amara a otro hombre. Una tradición que yo le enseñé y que me alegro que tú hayas roto. Espero solo que esa ruptura no te lleve a los mismos miedos disfrazados de otra manera. Perdona hijo mío.

NO ME IRÉ SIN APRENDER A PERDONAR

 Querido Xavier, te amo y espero me perdones por los años que dejé de dirigirte la palabra por  defender a tu padre y creer que tenía razón. Hoy sé que nada ni nadie puede obligar a nadie a ser como uno quiere que sean. Todos somos dueños de nuestro destino. Todos tenemos derecho a elegir el mar en el que queremos navegar y con quien deseamos tomar el timón de nuestras vidas.

Me encontrarás en casa palabra
El amor no sabe de adioses, sino de hasta pronto

   Espero que me visites cuando quieras y puedas, pero si no llegaras a tiempo, quiero que sepas que me voy con el alma desnuda y en paz. Nunca quise hacer más daño del que creí me hacían, pero ya aprendí la lección de que no se puede devolver mal con mal, pues recogemos lo que sembramos o, como diría tu bisabuelo, si echas las redes a un tiburón, no esperes que te devuelva nada.

  Tu abuelo Juan

LA MEDITACIÓN EN LA TERCERA EDAD

LA TERCERA Y CUARTA EDAD FRENTE A LA ENFERMEDAD

   Suele darse por sentada que la vejez,  la entrada en la tercera y cuarta edad, es sinónimo de enfermedad. Nunca más lejos de la realidad del ser humano como un organismo que tiene más poder que el que le suele otorgar la medicina tradicional, que, hoy por hoy no podemos olvidar, está muy vinculada al imperio de las farmacéuticas. No se trata este post de entrar en conflicto con ese imperio, no vale la pena gastar energía en la lucha contra fantasmas, sino de buscar otras salidas menos costosas y que estén al alcance de toda persona mayor.

Siempre se puede meditar
No hay edad para comenzar

Hay muchos métodos para hacer frente a esos estados alterados del cuerpo que desembocan en enfermedades de todo tipo. Muchos de estos métodos la medicina tradicional los tilda de diversas  formas para desprestigiar sus logros, pero la realidad es que el miedo que tienen es a que den igual o mejores resultados que los que ellos ofertan. Pero esto es otro cantar. Hoy vamos a escribir de un método tan ancestral y tan eficiente como es la meditación.

LA MEDITACIÓN EN LA TERCERA Y CUARTA EDAD

Pueden preguntarse ¿Qué es meditar? Y encontrarán muchas respuestas a esta sencilla pregunta. Muchos dirán que meditar es relajarse, otros confundirán la meditación con ejercicios específicos, como pueden ser las  técnicas milenarias del majestuoso yoga, etc. Sin embargo, hoy vamos a hablar de la meditación como búsqueda. Sí. Qué pueden buscar las personas mayores de la tercera y cuarta edad que no hayan experimentado o experimentado muy poco a lo largo de su vida. Pues algo tan sencillo como es la paz. Meditar es alcanzar la paz, paz mental, paz en el espíritu y la paz llevará al equilibrio, no solo mental, sino corporal. Desde muy antiguo ya se sabía que una mente sana se asocia a un cuerpo sano. Antiguas tradiciones ya sabían del poder de la mente sobre el cuerpo Mens sāna in corpore sānō, mente sana en un cuerpo sano. Sin embargo, esta alocución no solo señala un efecto, sino un método. Para el poeta Juvenal, quien la acuñó en una de sus sátiras,  iba asociado a la oración. Sí, al orar buscamos la paz, el equilibrio.

Siempre hay un momento para meditar
Encuentra tu momento para meditar

Meditar, como una búsqueda de la paz a través de orar, está al alcance de todos, creyentes e increyentes. La oración nada tiene que ver con religiones, templos o guardianes de la fe. La oración que conlleva la meditación es la búsqueda de la paz que traspasa mil formas de pensar erróneamente. Orar, meditar, es buscar la forma de calmar a ese torbellino de pensamientos negativos que azotan la mente como caballo desbocado, incluidos todos aquellos que nos incitan a relacionar la vejez con enfermedad. Pensamientos negativos que nos han inculcado desde niños y hemos cargado con ellos desde siempre sin cuestionarnos si quiera el daño que nos podrían estar haciendo. En cierta forma, meditar es cambiar el sentido de nuestros pensamientos. Dejar atrás toda negatividad y volcarnos al mundo del pensamiento positivo. Algunos te dirán que ese pensamiento es una fábula, pero, si te cura el cuerpo y el alma ¿importa mucho que sea una fábula?

CÓMO LA TERCERA Y CUARTA EDAD PUEDEN MEDITAR

   Todo vale. Quien diga lo contrario, se está mintiendo a sí mismo e inducirá  a quien le escuche a errores. El único requisito para meditar, como tantas cosas en la vida, es la voluntad. Después hay mil maneras, mil tácticas, a través de la respiración, sentado, acostado, en una buena cama o en el piso, en silencio o hablando con Dios cada cual a su manera. Cada persona tiene su propia táctica para alcanzar ese estado de meditación que haga vibrar positivamente no solo su pensamiento, sino cada célula de su cuerpo. No importa si está en una residencia, vive solo o con su pareja o hijos, meditar es algo que solo le concierne a cada persona.

Medita orando
Orar es meditar

Es un trato entre su mente y su cuerpo por voluntad propia. Por eso es tan efectiva y potente. No se trata de encontrar algo más allá de la paz porque la paz es el camino y el fin. No dejes para mañana lo que puedes comenzar hoy mismo, ahora mismo. Obviamente hay espacios que se prestan más para meditar. No es lo mismo estar en nuestra habitación, con tranquilidad o en un parque en un día primaveral que estar en medio de un ruido insoportable o sentado en una cafetería en plena algarabía matinal, pero esto es secundario, puesto que si tienes la voluntad de hacerlo, conseguirás la forma de lograrlo. No depende de nadie, solo de ti.